“El CAE nos vino a endeudar y empobrecer”: los morosos y su visión de cara a las elecciones

De los más de un millón 63 mil jóvenes que han resultado beneficiados por el CAE, el 29% es actualmente moroso. Tres de ellos nos cuentan sobre sus experiencias y cómo ven el futuro de cara a las presidenciales.

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Cristian Molina fue el primero de su familia en llegar a la universidad. Con esfuerzo, lograron costear el preuniversitario, pero pagar una carrera universitaria era imposible. Debieron endeudarse, como la gran mayoría de las chilenas y chilenos.

Cuando el futuro publicista cursaba segundo año, el presidente de la República de ese entonces, Ricardo Lagos, y su ministro de Educación, Sergio Bitar, anunciaron con bombos y platillos la creación de un crédito con garantía estatal, al que le pusieron CAE: Crédito con Aval del Estado.

El CAE se convirtió en la manera más accesible para que miles de jóvenes pudieran acceder a la educación superior. El 1 de junio de 2005, la nueva Ley de Financiamiento Estudiantil fue promulgada sin ceremonia y en medio de críticas por parte de los estudiantes, ya que consideraban que la medida iba a privatizar la educación superior. Y así fue.

Para ese momento el CAE fue un salvavidas y la oportunidad de continuar y terminar sus estudios. Con diploma en mano, salió en busca de su primer trabajo. Fue difícil, pero lo logró.

Durante casi un año y medio, Cristian se desempeñó como publicista en una agencia, hasta que quebró. Eso no fue lo peor. 18 meses después de salir de la universidad, recibió su primer cobro por el crédito CAE. Sin trabajo, no pudo pagarlo convirtiéndose así en uno de los primeros deudores.

Según la Cuenta Pública 2020 de la Comisión Administradora del Sistema de Créditos para Estudios Superiores, Ingresa, de todos quienes se encuentran con obligación de pago del CAE, que alcanza la cifra de 669 mil jóvenes, 308 mil, un 46%, se encuentra en estado de morosidad, lo que representa un 29% del millón 63 mil beneficiados históricamente.

Un problema que va más allá de pagar o no, y que hoy tiene a más de 300 mil jóvenes profesionales morosos, sufriendo hostigamiento por parte de las bancas, algunos siendo embargados y, lo peor de todo, sin ninguna solución hasta ahora.

El candidato presidencial de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Joaquín Lavín, presentó en sus bases programáticas una solución a quienes sean morosos del CAE: “Podrán devolver su crédito aceptando un trabajo al servicio de Chile en regiones y comunas vulnerables”.

Pero, ¿es esa la solución? Hasta la fecha, ¿se han presentado mejoras? Estos son los testimonios de quienes no han podido pagar sus cuotas pendientes, un problema que se viene arrastrando hace más de diez años y sin solución aparente.

La evolución del CAE

En sus 15 años de existencia, el CAE ha enfrentado una serie de modificaciones que, en teoría, han beneficiado a nuevos estudiantes, pero también a los profesionales que ya se encuentran pagando el crédito de garantía estatal.

Según Ingresa, desde el 2006 y hasta el año 2020 el CAE “ha dado cobertura a 1 millón 63 mil beneficiarios”, entregando préstamos económicos que suman 247 millones UF –$7 billones–, lo que significa que la deuda de los estudiantes es equivalente a más de 200 mil viviendas sociales en 15 años.

El candidato presidencial Joaquín Lavín propuso que los deudores “podrán devolver su crédito aceptando un trabajo al servicio de Chile en regiones y comunas vulnerables”. INSTAGRAM

Cuando se dio el vamos, el CAE iba destinado a los estudiantes de estratos socioeconómicos más bajos, otorgándoles un crédito de estudio que podrían pagar a 12, 15 o 20 años, según la duración de la carrera, y con una tasa de interés del 5,8%.

Con el pasar de los gobiernos, el crédito fue mejorando. Ya en 2009, durante el primer mandato de Michelle Bachelet, se amplió la cobertura del CAE, aumentando el beneficio al 80% de los postulantes más vulnerables, acrecentando el número de nuevos ingresos a la educación superior.

Ya en 2012, durante la primera gestión de Sebastián Piñera, el CAE sufrió una rebaja en su interés al 2%, igualándose al Fondo Solidario de Crédito Universitario, además de establecer que ninguna cuota debería superar el 10% del sueldo del deudor. También se amplía el beneficio al 100% de los estudiantes que lo soliciten y comienza a aplicarse el beneficio de suspensión de pago por cesantía o desempleo.

«No creo en el sistema porque considero que lucra con sueños de una vida mejor, se lucha y se endeuda por el resto de la vida a personas de clase media que tendrán que vivir esclavizados pagando un crédito»

— Fernando Véliz, deudor del Crédito con Aval de Estado.

En su segundo mandato, Michelle Bachelet se la juega por la gratuidad. Sin embargo, como no se establece una educación gratuita para todos, propone una modificación al crédito CAE y a una semana de dejar su mandato presentó el proyecto de ley que reemplazaría al mismo.

Apenas asume Sebastián Piñera por segunda vez deja en claro que los proyectos de su antecesora no serían aprobados, por lo que retira la iniciativa de Bachelet del Congreso. El Gobierno de Piñera propone finalizar con el CAE y el Fondo Solidario, siendo reemplazado por un nuevo sistema de financiamiento. Un proyecto que es similar al CAE, pero administrado por la Tesorería General de la República y no por la banca privada.

El proyecto de Piñera no avanzó y producto del estallido social y la posterior pandemia no fue una prioridad ni para su Gobierno ni para el Congreso.

Sin embargo, ninguno de los presidentes antes mencionados ha tocado el tema de los deudores morosos del CAE con la importancia y urgencia que esto amerita.

A tres semanas de las próximas elecciones de primarias presidenciales, algunos candidatos se han referido a quienes hoy mantienen impago su crédito CAE.

Mario Desbordes, candidato de Renovación Nacional (RN) por el pacto Chile Vamos, expone en su programa que “debemos revisar el CAE”. Según el exministro de Defensa, el CAE parece más un impuesto que un crédito y que durante su gobierno se revisará “su condonación para quienes se encuentran endeudados y podrían haber accedido a la gratuidad; lo mismo que los intereses y multas, para quienes se encuentran en esta misma situación”.

Por su parte, Daniel Jadue, candidato presidencial del Partido Comunista (PC) por el pacto Apruebo Dignidad, es más enfático y categórico. “Hay que poner fin al CAE”, detalla en su programa, puntualizando en evaluar las medidas en beneficio de los actuales deudores “considerando la condonación progresiva de la deuda”, sobre todo, en vías a la gratuidad universal en la educación.

Quien también se refirió a quienes tienen mora en las deudas del CAE fue Joaquín Lavín. Su propuesta de trabajo social causó gran revuelo entre sus contendores, los medios, los mismos deudores del crédito y las redes sociales.

Para ahondar en el tema y saber de qué manera los deudores del CAE se pondrían al día en su mora mediante trabajo comunitario, nos comunicamos con el comando de Joaquín Lavín, sin embargo nos expresaron que no tienen más información al respecto. “Todavía no lanzamos 100% el programa, solamente lanzamos las bases programáticas”, indicaron.

El 29 de abril, el Senado aprobó la idea de legislar el proyecto de ley que busca despenalizar las deudas en la educación con el objetivo de “ofrecer propuestas de reforma legal que permitan un reconocimiento efectivo del derecho social a la educación, poniendo término a una serie de situaciones que ponen a los estudiantes que han suscrito algún tipo de crédito para cursar estudios en educación superior en situaciones de abuso e indefensión”.

El pasado 4 de junio se presentaron las primeras indicaciones. Mientras que, a causa de la pandemia, cada día surgen nuevos morosos del CAE que, al igual que Cristian, no han podido pagar ni han recibido algún tipo de ayuda.

“El CAE nos vino a endeudar y empobrecer”

Hoy Fernando Véliz tiene 32 años y reconoce que dejó de pagar las cuotas pendientes en junio de 2017 por considerar excesiva la cifra establecida por la Tesorería General de la República y por exigencias del banco con las que no estaba de acuerdo. Tras diez años, lo que había sido una deuda de $10 millones se transformó en $18 millones. “Sí, $18 millones por estudiar”, dice frustrado el periodista.

Pidió el CAE en 2007 por los cinco años que duraba su carrera universitaria, cubriendo el arancel de referencia. Ya empleado, pagó su deuda durante los años 2015, 2016 y parte de 2017, por un aproximado de $2 millones que correspondían a los intereses bancarios.

Se sumó, además, una multa por no pago en 2015. Cuenta que en ese entonces llegó a un acuerdo con la tesorería para pagar todos los meses el 10% de su sueldo. Después de eso no hubo más multas, pero hasta el día de hoy el Servicio de Impuestos Internos (SII) le retiene la devolución de impuestos por boletas de honorarios cada año.

“No creo en el sistema porque considero que lucra con sueños de una vida mejor, se lucha y se endeuda por el resto de la vida a personas de clase media que tendrán que vivir esclavizados pagando un crédito que considera cifras altísimas de intereses y que está desarrollado para generar ganancias tanto de bancos como de universidades, en este caso, privadas”, señala.

Fernando es el mayor de tres hermanos, todos profesionales gracias al esfuerzo de sus padres. Cuenta que en 2006, cuando junto a su madre se dieron cuenta de la existencia del CAE, no dudaron en ningún momento en postular a dicho beneficio estatal.

“Nadie nos advirtió que ese beneficio en realidad no era tal para una familia de clase media y menos para una carrera tan poco rentable como es el periodismo. El CAE nos vendió la ilusión de una vida mejor y aquí estamos endeudados hasta quizás quién sabe cuándo”, asegura.

Hace más de un año Fernando está cesante y por más que quisiera avanzar con su deuda, no puede pagarla.

El caso de Felipe Yáñez, de 28 años, es similar. Solicitó el CAE en 2013 sólo por dos años. Anterior a esta solicitud, estudió con dos créditos universitarios. No tuvo opción que sumar una tercera prestación, el CAE, para terminar su carrera.

“Con desconocimiento e ignorancia también, pensaba que el CAE era una buena opción ya que mucha gente en esos años estudiaba con este beneficio, además de lo que te ‘vendía’ el Gobierno en esos años. Hablaban de que el CAE era algo espectacular, cosa que no era cierta”, relata.

La deuda de sólo este beneficio estatal hoy es de casi $6 millones para sólo dos años de estudio. El profesor de Educación Física y Salud alcanzó a pagar $149.513 pesos hasta 2017: “El sueldo que estaba recibiendo era bajo y me vi en la necesidad de dejar de pagarlo”.

Fue castigado al igual que Fernando por no pago, con una multa de $150 mil. Según el cronograma que le entregó el banco, su última cuota está programada para 2037.

Cuenta que es acosado constantemente por una empresa de cobranza: “Hasta hace muy pocos meses y durante mucho tiempo, me llamaban unas 20 veces al día desde números diferentes. Actualmente me siguen llamando, pero mucho menos que antes”.

CAE, a esta altura, ¿un problema o una solución?

Para Fernando, el CAE derechamente se ha transformado en un obstáculo. Desde que aparece en el sistema como deudor, hace cuatro años, no ha podido tener tarjeta de crédito –fue cancelada- y no ha podido pedir ningún crédito en ningún banco. “No tengo poder de endeudamiento, estuve hasta marzo en Dicom. No puedo acceder a vivienda, subsidios, etcétera”, relata.

Cristian, por su parte, dice que también vivió algo similar y que siente que el CAE no le deja crecer. “Tampoco fueron muchas cuotas las que debía, pero me hostigaron hasta el cansancio. Cuando me robaron el teléfono, llamaban a mi casa, a mis papás, a mi hermano. Era un acoso constante y una preocupación adicional, porque en ese momento no tenía pega. Entonces, además de buscar trabajo, tenía que estar pensando en cómo pagar la deuda del CAE. No te deja avanzar, siempre está ahí para impedirte algún otro sueño”.

Y Felipe, por su lado, también ha tenido impedimentos. El año pasado con su pareja estuvieron la opción de comprar una casa solicitando un crédito hipotecario. El banco se lo rechazó inmediatamente al estar en Dicom. El plan tuvo que ser postergado. Lo peor, es que no sabe hasta cuándo.

Derechamente consideran que este supuesto beneficio sigue tal cual desde su creación. “No se hizo como plan para ayudar a la educación superior, se hizo como un plan de negocio del Estado que sólo terminó endeudando a muchos jóvenes”, señala Felipe.

Para Fernando, “las ‘mejoras’ ante una serie de reformas que han hecho tanto los gobiernos de Piñera como de Bachelet han sido absurdas porque no van al eje del problema: terminar con el endeudamiento y precarización de la vida financiera por obtener un crédito para estudiar. En el sistema eres igual de moroso que una persona que le deba millones a las casas comerciales y bancos”.

“¿De qué me sirve que bajen los impuestos del CAE o que pueda pagar sólo el 10% de mi sueldo? Las cuotas que no pude pagar al principio siempre van a salir en todos lados. Dan soluciones para todo, menos para quienes no han podido pagar”, declara Cristian.

“Es una injusticia”, agrega Fernando. Cuenta que, en su caso, siempre ha tenido sus cuentas ordenadas, no le debe un peso a nadie, sólo el CAE es un impedimento para acceder a otros créditos y continuar.

¿Y la propuesta de Joaquín Lavín? “Me parece que el señor Lavín está tan desconectado del Chile real”, sostiene, a lo que Felipe agrega que “es una idea absurda, que llega hasta dar rabia desde su planteamiento. No es posible que se gaste gran cantidad de dinero por mantener a un reo de la cárcel en vez de hacerlo trabajar en obras comunitarias, pero sí se les hace trabajar a los estudiantes endeudados”.

Para Francisco Fernández, director ejecutivo de Fundación “Por una Carrera”, el CAE no es en sí malo como un crédito para financiar montos elevados. “Es una buena herramienta”, dice. “El problema es cuando financias una carrera y después esa carrera no te genera oportunidades de empleo que te permitan pagar dicho crédito”.

Entonces, ¿cuál sería la posible solución? Fernández apunta a que no hay que eliminar el CAE: “Es una herramienta que puede ser muy buena de forma complementaria a otras alternativas de financiamiento, por lo tanto, más que eliminarlo revisaría los criterios con los que se entrega”.

Eso en primera instancia. Al ser una oportunidad para quienes sí logran pagarlo, el experto plantea entender aquellos casos donde sí sirve el CAE.

“Lo que deberíamos estar pensando es dónde y cuándo el CAE es una oportunidad y potenciarlo en esas áreas, y dónde y cuándo el CAE es una pesadilla y cambiar por otras medidas de financiamiento. Nos hace falta mirar de forma integral todo el sistema de financiamiento y ahí, quizás, la alternativa que plantea el candidato Joaquín Lavín pueda ser una parte de la solución”, sostiene.

Para Fernando, este crédito debe terminar ya: “Es momento de terminar con el lucro en sueños de millones de jóvenes y familias que creyeron que por vía del CAE tendrían acceso a una mejor vida. La gratuidad universitaria es quizás la mejor política pública en el último tiempo y la destaco por sobre cualquier otra medida en la materia. El CAE nos vino a endeudar y empobrecer”.

“Espero que en algún momento se pueda dar término al CAE y condonar la deuda que mucha gente posee y ha entrampado proyectos de vida”, concluye Felipe.

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