“Mandó más de una amenaza, siento que estoy contra la marea”: los miedos de Francisca Moll

“No admito ninguna responsabilidad”. Eso respondió este martes Richard Silva, imputado por agredir a Francisca Moll, quien se suicidó tras haber sufrido durante años violencia. Pero, ¿cómo llegó a ese punto? La historia en voz de sus mejores amigos.

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“De caer en la cárcel es muy difícil, un 0,01% (…) El huéon igual va a gestionar por su parte medidas contra mí, me lo dijo. Ya me mandó una amenaza, o sea, más de una. Entonces, siento que estoy contra la marea. Voy remando, remando, remando, pero cuando me dan respuestas así es como ¡hueón! Tengo que estar reviviendo esta huea. (…) Broma que con todos los antecedentes no va a entrar… O sea, imagínate todos estos hueones que han matado minas (…) Crónica de una muerte anunciada, como lo he dicho todo el rato”.

Estos son solo fragmentos de uno de los últimos audios enviados por Francisca Moll a su mejor amiga, Karinna Wiegand, cuatro días antes de suicidarse. En este se refiere a Richard Silva, de 30 años, su expareja y quien la habría violentado psicológica, sexual y económicamente por más de dos años.

Era el miedo de Francisca y hoy, de sus seres queridos. Según la IV Encuesta de Violencia contra la Mujer en el Ámbito de Violencia Intrafamiliar y en otros Espacios de la Subsecretaría de Prevención del Delito, el porcentaje de mujeres de entre 15 y 65 años que señala haber sufrido algún tipo de violencia durante los últimos 12 meses subió a un 21,7%.

Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), tres de cada diez mujeres denuncian tortura y tratos crueles, incluso con violencia sexual.

Francisca realizó tres denuncias entre marzo de 2019 y diciembre de 2020. La primera audiencia se realizó la mañana de este martes 27 de abril por lesiones menos graves.

El imputado Richard Silva, de 30 años, fue preguntado por el tribunal si admitía responsabilidad en los hechos.

“No admito ninguna responsabilidad”, fue su respuesta.

La audiencia de preparación del juicio oral fue programada para el próximo 23 de agosto, donde el imputado sólo arriesga 541 días de cárcel. Por el momento, sigue libre.

La preocupación de los familiares y amigos de Francisca es evidente. Exigen justicia y temen que su agresor logre evadirla. Incluso, sospechan de que Richard habría creado cuentas de redes sociales falsas para desviar la investigación.

A continuación les mostramos tres testimonios de quienes acompañaron a Francisca hasta el final. Su perfil, en voz de Karinna, Roberto y Rodrigo, sus mejores amigos.

Karinna Wiegand: “Ella amaba a sus hijos por sobre todas las cosas, pero se sentía sucia”

Karinna recuerda el momento preciso en que conocieron a Richard en 2018. Fue en el Club Subterráneo. Se acercó, bailaron, conversaron e, incluso, fue protector. “Fue un encanto, súper simpático”, dice. “Duele creer que un tipo la minimizó a su mínima expresión y terminó matándola. Él es el culpable, la llevó a esto, que más encima tomara la decisión de quitarse la vida y dejar a sus dos hijos chicos”.

Fueron más de 18 años de amistad de Francisca Moll y Karinna Wiegand, donde se acompañaron en las buenas y en las malas. Karinna lo tiene claro, más aún cuando reconoce que se terminó convirtiendo en una tercera observadora de la relación que destruyó a Francisca.

Lo caballero y cariñoso duró solo meses a Silva, para dar inicio a reiterados ataques de celos. Ahí comenzó el ir y venir de la relación.

“La apañé como amiga, escuchando todas sus penas y conteniéndola, la incentivé siempre a salirse de ahí, a denunciar y a que no dejara que el tipo influyera en su vida, en sus pensamientos”, cuenta.

Pero, no pudo. Nadie pudo. “Son las culpas que uno tiene, por qué no hice más. Pero la Fran estaba con abogados, estaba yendo al Servicio Nacional de la Mujer, estaba con psicólogo y psiquiatra, entonces al final uno también se queda tranquila porque está haciendo las cosas bien. Pero resulta que el sistema le falló y no puede ser. A mí todavía no me cabe en la cabeza que le vayan a hacer un juicio a este tipo ahora por un golpe que tuvo la Fran en 2019. La Fran no aguantó, le tenía terror al juicio, le tenía terror a verlo y que se excusara como siempre lo ha hecho”.

Francisca ya era madre de dos niños cuando lo conoció. Ella había decidido tener hijos ya consciente del Lupus que padecía. Sus dos embarazos fueron complejos.

Francisca Moll

“Ella amaba a sus hijos por sobre todas las cosas, se desvivía por ellos. Pero se sentía sucia porque este tipo la obligó a hacer muchas cosas que ella no quería. Estaba avergonzada, y lo hizo para que nos dejara tranquilos al resto. Para protegernos”, asegura Karinna.

Según cuenta, de ser una mujer radiante, empoderada, amiga de sus amigos, Francisca empezó a caer en un pozo sin fondo: “Este tipo la empezó a alejar de todos, de la mamá, de los amigos, hasta del papá de los niños. Se la dejó para él”.

Los episodios de violencia se detonaron inmediatamente. “Ella siempre me decía que, a pesar de estos golpes, el tipo le pidió muchas veces disculpas y que ella tenía mucho cariño por él. Pero este, por atrás, la amenazaba constantemente con mostrar fotos íntimas de ella. También le decía a ella que pobre que yo u otro de sus amigos hiciéramos una funa por redes sociales, sino la Fran iba a pagar. Entonces la Fran en verdad le llevaba el amén en todo”.

«Mientras la Fran estuvo involucrada con este tipo, cayó una infinidad de veces a la clínica por el tema del lupus. Estaba débil, no era capaz de hacer las mismas cosas que antes.»

— Rodrigo Reyes, mejor amigo de Francisca Moll.

Tras la primera agresión, Francisca ya tenía miedo y angustia.

“Te voy a matar”, le habría dicho Richard en el episodio ocurrido en septiembre de 2019.

En diciembre de ese año, Karinna le dio un ultimátum: o tomaba cartas en el asunto o se hacía a un lado.

“Fran, estoy chata. Llevamos dos años en esto y tu insistes en estar cerca de él, o meterlo a tu casa”, le dijo.

“No amiga, no me puedes dejar sola, no te alejes”, le respondió ella.

Y así fue. Le tuvieron que requisar el celular. “El tipo la llamaba a las tres de la mañana o le mandaba mensajes muy violentos. Le enviaba correos pidiendo plata. Le contó a Ignacio, el papá de sus hijos, quien la apoyó 100%”, relata Karinna.

Durante los últimos meses, Francisca estaba angustiada, cansada, decepcionada y aterrada. “Le nombraban al tipo y se nos iba al piso y era casi una niña que había que llevarla de la mano”, cuenta.

“Es un psicópata, lo tenía todo fríamente calculado. Cada vez que llamaba a la Fran y ella contestaba para callado, le daba explicaciones. Le preguntaba si se había acostado con alguien. Sabía dónde iba, tenía las cuentas de redes sociales. Hasta le puso un GPS en el celular”.

Rodrigo Reyes: “Estaba débil, no era capaz de hacer las mismas cosas que antes”

“Este tipo no me gusta”, le dijo Rodrigo a Francisca la primera vez que ella le habló de Richard y de la relación que estaba comenzando. “Él partió mintiendo. Le dijo que se llamaba de otra forma porque le daba vergüenza su nombre. Me pareció raro, muy raro. Me dio mala espina”.

Rodrigo Reyes es el mejor amigo de Francisca, o más bien el hermano que nunca tuvo. Desde que se conocieron entablaron una profunda conexión. Eran inseparables, tanto que ni siquiera la distancia pudo romper su lazo. Él vive en Antofagasta y en 2013 conoció a Francisca cuando ella decidió comenzar una nueva vida allá.

Recuerda el momento que levantó las alertas. Fue en enero de 2019. Francisca estaba con él en Antofagasta y habían decidido hacerse ese tatuaje del que tanto habían hablado y planeado.

“Quedamos felices. Teníamos pensado el diseño hace tiempo, pero a última hora lo cambiamos por otro que tuviera más sentido para nosotros e, incluso, cambiamos hasta la posición del tatuaje”, narra.

Rodrigo detalla que una vez finalizado, Francisca llamó a Richard. Estaba contenta, era su primer tatuaje, pero mientras transcurría la conversación ella fue cambiando el tono de voz, se fue poniendo triste, parecía culpable y Rodrigo se dio cuenta.

“Le pregunté qué había pasado y me dijo que él (Richard) estaba molesto, porque no le gustó que hayamos cambiado el diseño del tatuaje”, rememora Rodrigo. “Tampoco le gustó que hayamos cambiado la posición y preguntó que quién era yo para tomar ese tipo de determinaciones”.

Según Rodrigo, después de ese viaje comenzó el caos. Los hechos de violencia empezaron a aumentar y Francisca mostró un claro deterioro de su salud: “Mientras la Fran estuvo involucrada con este tipo, cayó una infinidad de veces a la clínica por el tema del lupus. Nunca antes, desde que le detectaron la enfermedad, había caído tantas veces como en ese periodo de tiempo. Estaba débil, no era capaz de hacer las mismas cosas que antes”.

«Él solo amenazaba, siempre amenazaba. Le decía a la Pancha que me iba a buscar, que me iba a matar.»

— Roberto Parra, amigo de Francisca Moll.

Para el mejor amigo de Francisca, el responsable es Richard: “Él hizo tan bien el trabajo psicológico con ella que le hizo sentir que todas las cosas que él le decía eran efectivamente una verdad absoluta y eso le daba miedo”.

“Él la extorsionaba con que tenía videos íntimos de ella, que tenía fotos, que iba a matar a su mamá, que le iba a hacer algo a sus hijos, y yo le dije lo mismo que le dijo su mamá: ‘Tú eres una mina bonita, simpática, inteligente. Ya está, ya lo hiciste, ya fue. Ninguno de nosotros te va a apuntar con el dedo. Si los muestra, los muestra nomás. Nosotros vamos a estar aquí para protegerte’”, relata.

En tres ocasiones Francisca le confesó a Rodrigo que tenía miedo. No por ella, sino por sus seres queridos. También le reveló que estaba cansada, que estaba aburrida de depender de ellos y de todos los medicamentos que consumía.

“Mi cuerpo no me está respondiendo ahora. Estoy chata de los medicamentos y chata de controles”, recuerda que le dijo Francisca.

“Estaba tan abrumada por todo lo que le estaba pasando que a veces se sentía una carga”, explica él.

Rodrigo espera que la justicia “se ponga los pantalones de una vez por todas”. Él sabe que Francisca no es el único caso de violencia, abuso y acoso: “Son tantas mujeres que no han recibido nunca justicia, porque la justicia no ha sido firme con este tema. ¿Cuántas pruebas necesita la justicia para saber que Francisca tomó la decisión que tomó a causa de todos estos antecedentes?”.

Y agrega: “Ojalá el caso de la Fran marque un precedente. Que como sociedad nos vayamos haciendo cargo de estos problemas, que las instituciones funcionen y que se pueda empatizar más con las víctimas”.

Roberto Parra: “Ella le tenía terror, pánico”

3 de enero de 2020. Francisca llama a su amigo Roberto Parra para contarle que nuevamente había sido violentada por Richard durante los últimos días de diciembre. Está desorientada, no sabe muy bien qué tiene que hacer y le confiesa que tiene miedo. Roberto decide llevarla inmediatamente a poner una denuncia.

“La llevé a Carabineros y ahí me indicaron que el conducto regular para esto es, primero, constatar lesiones en un establecimiento de salud y de ahí hacer la denuncia”, relata Roberto, amigo de Francisca hace diez años.

Al llegar a la clínica, Roberto se da cuenta que Francisca tiene la mitad de su rostro con parálisis, además de hematomas en los brazos, en parte de la espalda y también en el cuello. Luego de la constatación interponen la denuncia en una comisaría de Las Condes.

A partir de ese momento, la joven comenzó a vivir con su madre, Rosa Elena Moreno, escondida de su agresor.

Así, comenzó a comunicarse con su círculo más cercano a través del celular de Rosa Elena. El propósito era que Richard nunca más la localizara y que nunca más se comunicaran.

Francisca sufría constantemente del acoso de Richard. La llamaba hasta el cansancio, la esperaba en las esquinas, la seguía en su auto y en ocasiones esperaba afuera de su departamento. “Estábamos donde la Pancha, en un segundo piso, y él estaba afuera. Escuchó mi voz y la llamó”, detalla Roberto.

“No, déjate. Si él es mi amigo”, recuerda Roberto que Francisca le decía a Richard. “No estamos haciendo nada, estamos compartiendo”. Roberto le quitó el celular, le habló para preguntarle dónde estaba y bajó a la entrada del edificio, sin lograr encontrarlo. Richard ya se había ido.

“Es un cobarde. Él no se atrevía a enfrentarse con un hombre. Él solo amenazaba, siempre amenazaba. Le decía a la Pancha que me iba a buscar, que me iba a matar, que me iba a rayar la camioneta, y la Pancha le creía y se preocupaba mucho de que me pasara algo”, asevera.

Roberto recuerda cuando Francisca le relató un episodio en particular. Habían tomado un taxi y Richard le pidió que se sentara adelante. A los minutos comenzó a pegarle al chofer de la nada. No había motivos: “Le pegó por el gusto de pegar”.

Cuando llegó Carabineros, manifestó que el conductor se había propasado con Francisca y trató de convencerla para que se alineara con su declaración.

“Dile que te tocó las piernas, que él te acosó, que por eso le pegué”, le decía Richard a Francisca para que Carabineros no se lo llevara preso, según después le contó a Roberto.

Él cree que de esa forma le demostró a Francisca que era una persona violenta, que le gustaba golpear a la gente, que tenía amigos que hacían portonazos y era amigo de delincuentes, como le gustaba decir.

“Ella le tenía terror, pánico. Este tipo se convirtió en su diablo. Esa es la magnitud. El tipo le podría haber dicho ‘voy a hacer explotar todo’, y ella le creía, porque la tenía tan amedrentada, la tenía tan trabajada psicológicamente que ella caía en todo lo que él le decía. Incluso, ella ya no se quería juntar con nosotros para no hacernos daño”, expresa.

Roberto quiere que Richard pague con cárcel: “Espero que la justicia realmente lo tome detenido. Es una persona que es un peligro para la sociedad. Hoy en día fue la Pancha, mañana va a ser Juanita o Andrea, o Mariela, o cualquier otra mujer. Estos tipos no paran con eso. No paran por tener la víctima, buscan más”.

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