Humanizar el dolor y la muerte ante el covid: los rituales del personal de salud durante la pandemia

Collages de fotos, audios y minutos de silencio. Un gong. Todos son elementos usados por diferentes equipos médicos para realizar rituales capaces de humanizar tanto la vida como la muerte en medio de la crisis sanitaria por el covid-19.

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Gladys Gajardo recuerda a un paciente que pasó cinco meses internado y mucho tiempo dormido en el Hospital Clínico UC CHRISTUS, donde ella trabaja como enfermera en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Durante ese lapso el equipo médico llegó a conocer a su familia y de la pasión por el tiro deportivo del paciente.

Cuando abrió los ojos vio todas sus fotos, incluso de su nieto que acababa de nacer. Es tan potente esa experiencia, asegura la enfermera, que al ser dados de alta se llevan los collages a sus casas como un amuleto, un recuerdo invaluable.

“Se les pide fotos a la familia del paciente de lugares, de personas, cosa que cuando el paciente abra los ojos vea algo familiar. Los collage los hacen las mismas enfermeras”, detalla Gladys, que agrega que los pacientes se llenan de orgullo cuando despiertan y ven sus vivencias. “Uno aprovecha todo lo que tiene a mano para que los pacientes se animen un poquito”.

En Chile, al 18 de abril, muere una persona cada 18 minutos a causa del covid-19, hay 2.872 personas hospitalizadas en las UCI por la enfermedad y la Red Integrada de Salud tiene 198 camas críticas disponibles, que corresponden al 4,5% del total de todo el sistema sanitario unificado de nuestro país.

En este escalofriante escenario es que personal de salud ha tratado de humanizar procedimientos tan fríos y crudos para nosotros. Una lucha que deben enfrentar a diario para que todos y cada uno de los pacientes que están en las UCI tenga una estadía, tratamiento y muerte digna.

Un sistema sanitario colapsado

José recuerda perfectamente la videollamada que logró concretar con su tía de 86 años el pasado 10 de abril. Ana estaba internada en el Hospital del Salvador por covid-19 y neumonía. Su sobrino le preguntó cómo se sentía. “Bien, pero mira lo que está pasando aquí al lado”, le respondió ella.

Con la cámara del celular le mostró cómo personal sanitario estaba embolsando a un cadáver a sólo un par de metros de ella, sin biombo, sin censura.

Y no fue un hecho aislado. El día anterior Ana había visto el mismo procedimiento con dos fallecidos que pasaron por la cama vecina, con la cual compartía la habitación. “Esto es un poquito incómodo, estoy asustada”, le manifestó.

El protocolo indica que los cadáveres se sacan de la sala y deben ser trasladados a una zona sin pacientes.

“Se saltaron pasos y, además, si no hay otro lugar, al menos hay que poner un biombo para que las personas no estén mirando cómo embolsan al compañero que perdió la batalla y murió”, afirma José, quien también es el médico.

Su tía ya estaba vacunada con las dos dosis contra el virus, lo que le salvó la vida. A la fecha, se registran 45.377 casos activos de covid-19 en el país y 33.373 fallecidos según el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud entre confirmados y sospechosos.

covid rituales interior

“El personal de salud está agotado, está cansado. No es que no nos queramos dar el tiempo de dar un buen morir y que la persona de al lado no lo vea, es que esta misma situación está sucediendo al mismo tiempo en otros lugares. Eso es lo crudo de la realidad. Lo que ella comenta es lo que muchos pacientes viven y no es por falta de biombos o falta de tiempo”, señalaron desde el Colegio Médico (Colmed).

De forma similar, a fines de marzo en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso los propios funcionarios del recinto de salud denunciaron un colapso de la morgue del mismo. El hospital debió habilitar un nuevo espacio con dos contenedores refrigerados para custodiar los cuerpos de los fallecidos.

Tras la denuncia, el Servicio de Salud Valparaíso-San Antonio aclaró que la situación ocurrió por “dificultades” en el retiro de los cuerpos y “no por un aumento en el número de fallecidos”. Y los hospitales siguen al máximo de su capacidad.

 

«Los reclamos han caído a niveles históricos en un periodo que podría haberse convertido en todo lo contrario, justamente por el acercamiento que hemos tenido con las familias a pesar de las distancias físicas.»

— Dr. Sebastián Bravo, jefe de la UCI del Hospital Clínico UC CHRISTUS,

El 9 de abril, el Minsal informó su cifra diaria de contagios más alta desde que comenzó la pandemia: 9.171 personas se habían contagiado en las últimas 24 horas de covid–19. El 15% de ellos requerirá de hospitalización y el 3% de ventilación mecánica, aseguró el Colmed a través de un comunicado, advirtiendo que el sistema sanitario ya se encuentra “tremendamente colapsado”.

Ante esta difícil realidad es que los trabajadores de la salud, de distintos recintos, han tomado medidas para humanizar la muerte.

Luchar contra la angustia y la soledad

Claudia Zúñiga lleva más de 20 años trabajando en la Clínica Alemana. “Esta es la primera vez que siento que estamos viviendo un estado catastrófico, donde tenemos que sacar a todos los soldados a cumplir sus funciones de la mejor forma”, asevera.

La enfermera de Gestión de Calidad cuenta que comenzaron a sacar ideas a principios de la pandemia de los países que ya estaban en etapas críticas del covid-19: “Empezamos a ver que los pacientes estaban muy solos, angustiados y tristes”. Así, comenzaron a pensar estrategias de acompañamiento y plantearon distintas iniciativas.

Videollamadas, audios de familiares, música favorita, apoyo psicológico a través de profesionales y de videos emitidos en las habitaciones, fotos pegadas en las paredes, poemas, canciones, calor humano, entre otros.

Para Gladys Gajardo lo primero fue establecer una buena comunicación con las familias de los pacientes con llamadas informativas diarias y videollamadas.

“A veces ellos sólo quieren ver al paciente y lo hacemos estando sedados o conectados a respiración mecánica, o incluso con terapias más agresivas. Tenemos mucho cuidado con lo que mostramos y aprovechamos de educar explicando para qué sirve ese tubito que tiene en la boca, cómo se conectan esas mangueras con el ventilador, cómo se cambia de posición. Eso baja mucho la angustia de la familia”, dice.

Similar a las fotos que usa Gladys Gajardo y sus colegas, Ruby Bustamante, enfermera y miembro del equipo multidisciplinario de Humanización del Hospital Clínico de la Universidad de Chile (HCUCH), manifiesta que, además de las imágenes, los profesionales de la salud les piden audios a los familiares para que los pacientes escuchen mientras están inconscientes.

“Les pedimos audios a las familias. Graban mensajes de ánimo, gritos de arenga, les cantan, a veces les graban las canciones que le gustan al paciente y también les leen poemas”, cuenta.

“Vamos una vez al día y los hacemos escuchar, después vamos al otro día y se los ponemos al oído de nuevo. Al día siguiente lo volvemos a hacer hasta que el paciente recupere la conciencia y podemos hacer una comunicación sincrónica”, agrega.

“Rituales” que llenan el alma

“Lo veo como un círculo virtuoso”, destaca el doctor Sebastián Bravo, jefe de la UCI del Hospital Clínico UC CHRISTUS, sobre estos rituales.

“Los primeros beneficiados son los pacientes y sus familias, en establecer esta comunicación y poder despertar en un ambiente más amistoso y no tan hostil, pero también es una luz de esperanza para el equipo que no lo está pasando bien. Son pequeños triunfos, inyecciones para el alma”, afirma.

rituales covid funcionaria con enfermo
El personal de salud ha ayudado a los enfermos a hablar con sus familiares. CLÍNICA ALEMANA

Según la 2da Encuesta Nacional Prevalencia de Síndrome Bournot en personal sanitario de UCI durante la pandemia por SARS-CoV-2 de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (SOCHIMI), el 87% del personal sanitario presenta dicha sintomatología que se traduce en agotamiento emocional, fatiga, bajo rendimiento laboral, desconcentración, estados depresivos, hasta pérdida de autoestima y falta de realización personal.

“Han pasado muchos meses y tenemos al equipo disminuido en número y más agotado. Sumado a la escasa posibilidad de descanso que hubo posterior a la primera ola de pacientes COVID”, expresó el doctor Darwin Acuña, presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva en su columna La Pandemia NO ha terminado.

De acuerdo a la encuesta de la SOCHIMI, un 54% de los funcionarios de salud que trabajan en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) refiere no haber recibido entrenamiento previo para la atención de mayor complejidad. Sin embargo, deben hacerlo porque los contagios no cesan y las muertes tampoco.

«Tuvimos a una señora que estuvo más de 100 días intubada y la conectamos con su familia cuando estuvo de cumpleaños. Ella estaba despierta, teníamos su consentimiento y cumplía 50 años.»

— Ruby Bustamante, miembro del equipo multidisciplinario de Humanización del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

Acercar a las familias y al personal

Bravo reconoce que en estas circunstancias no todos los recintos médicos tienen la capacidad de realizar rituales con los pacientes covid-19, pero dice que son acciones valoradas tanto por los enfermos como por sus seres queridos.

“Muchas veces las familias se dan cuenta de que los pacientes desaparecen de las casas y de repente los llaman para decirles que murió. Acá al menos tratamos de tener una comunicación continua para que las familias puedan participar para bien o para mal”, explica Bravo.

“Es acercar a las familias en estos tiempos difíciles”, agrega Ruby. “Sobre todo en la primera ola que no había visitas, entonces nosotros somos los intermediarios de esas visitas. Además, gran parte de nuestros pacientes que hemos tenido son de fuera de Santiago. Teníamos un paciente de Antofagasta, por ejemplo, que gracias a estos procedimientos pudieron verse todos los días”.

El objetivo es humanizar la medicina con pequeñas acciones que, sin duda, son hoy esenciales para tratar a quienes podrían estar al borde de la muerte.

Otro rito, empleado en la Clínica Alemana, es exhibir una foto personal de los trabajadores de la salud con el nombre y cargo en los cascos que usan a diario para que los pacientes puedan identificarlos. Este viene acompañado de la frase “Hoy yo te cuido”.

“La poca conexión que se generaba con el personal que los atendía y darnos cuenta que nuestros pacientes tenían una mirada perdida al comunicarnos con ellos nos llevó a crear esta maravillosa y exitosa iniciativa”, asegura María Jesús Solís, enfermera de la Clínica Alemana.

Según la profesional, esto disminuye la angustia: “Se sienten más contenidos emocionalmente al conocer el rostro y la sonrisa de quienes los cuidan día y noche. Significa que logren diferenciarte y se encariñen contigo. Significa muchas veces que se concentren más en tu historia de vida al ver tu foto que en su angustia”.

Cuando los pacientes son dados de alta es una alegría que merece un ritual. Claudia Zúñiga relata que todo el equipo de sorpresa espera a la salida junto a la familia del paciente. Una vez que sale en silla de ruedas con su collage en los brazos, es aplaudido enérgicamente por los presentes.

“Es súper simbólico, es un paciente que venció al covid-19 y golpeamos un gong”.

Sobrellevar la vida y la muerte de la mejor manera

Los ritos no acaban con la muerte del paciente. La enfermera Gladys Gajardo narra que en el recinto médico donde trabaja cada vez que muere un paciente covid-19 se realiza un minuto de silencio generalizado, se le entrega un fragmento de la Biblia a la familia y un mensaje del equipo sanitario dando condolencias de la pérdida.

“Hubo un paciente que falleció y su familia estaba en el norte. La despedida fue a través de videollamada. Rezamos todos los que estábamos alrededor, le hacíamos cariño, los hijos se despidieron, apagamos la cámara y el paciente falleció”, cuenta.

En el Hospital Clínico de la Universidad de Chile la capilla que está dentro del recinto de salud toca campanazos cada vez que un paciente muere. Rito que se suma a la llamada de fin de vida, una instancia donde los familiares se despiden de los pacientes para siempre.

“Teníamos un paciente que su familia era de otra región y él estaba aquí a punto de fallecer. Contactamos a sus familiares e hicimos la llamada de fin de vida. El último adiós lo dieron a través de videollamada”, relata la enfermera.

“Han pasado cosas desgarradoras que yo no había visto jamás, y menos de forma tan masiva. Una hija que en un par de semanas despidió primero a la mamá y luego al papá, personas que antes estaban en sus casas sanas y tranquilas. A nosotros esto nos ha costado, es muy triste”, cuenta la médica paliativista del HCUCH, Alejandra Palma, en una publicación de un hospital local.

Ruby, por su parte, relata que la mayoría de las veces esos pacientes están inconscientes. “Nosotros somos como los traductores de esa despedida, tratando, por un lado, de informar lo que está sucediendo en ese momento y, por otro, la contención por la pérdida de un ser querido”.

Además de las llamadas de fin de vida, también se realizaban llamadas antes de intubar. Muchas veces en esas instancias los pacientes se despedían de sus familias, pensando que tal vez sería la última vez que verían a sus padres, esposos e hijos, pero también los llamaban para darles alegría.

Bustamante cuenta que en dos ocasiones celebraron cumpleaños virtuales con pacientes intubados, siguiendo todos los protocolos que pedía el hospital.

“Tuvimos a una señora que estuvo más de 100 días intubada y la conectamos con su familia cuando estuvo de cumpleaños. Ella estaba despierta, teníamos su consentimiento y cumplía 50 años”, relata la enfermera.

“A otra paciente de intensivo también le celebramos su cumpleaños de manera virtual. Nos pusimos de acuerdo con la familia y coordinamos todo con los médicos de la coronaria, con los kinesiólogos y tuvimos al paciente sentado en un sillón conectado a una máquina, pero en buenas condiciones”, añade.

Para el Dr. Sebastián Bravo, estos rituales han calado hondo en la vida de los pacientes: “Los reclamos han caído a niveles históricos en un periodo que podría haberse convertido en todo lo contrario, justamente por el acercamiento que hemos tenido con las familias a pesar de las distancias físicas. Esa es una ganancia de la pandemia: mejor relación equipo de salud-paciente”.

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