“Mientras nacía mi guagua, me estaban intubando”: convertirse en madre durante la pandemia

Deseaban más que nadie ser madres, pero la pandemia se cruzó en sus planes. Estas cuatro mujeres vivieron el embarazo en soledad y para las que contrajeron covid-19 la experiencia fue aun más traumática, con complicaciones en el parto.

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“Abrí los ojos y estaba en el pabellón. Me estaban preparando para una cesárea de emergencia, ya no podía respirar. La doctora me mira y me dice: ‘Mamita, no puedo esperar más’. Me tajeó y grité: ‘¡Doctora, me duele!’. ‘Tranquila, este es el último dolor que vas a sentir’, me aseguró y desperté 15 días después”.

En junio del año pasado, Gabriela parió a su hijo Osmán en estado grave. Minutos antes los resultados de un scanner de tórax habían reflejado que padecía de una neumonía multifocal por covid-19. Había llegado cinco días antes a la urgencia del Hospital El Pino de San Bernardo, sólo con pérdida de gusto y olfato. Pero estuvo dos semanas con ventilación mecánica.

“Mientras estaba en el parto me intubaron”, asegura la madre de 38 años. “Eso le dijeron a mi esposo, porque yo no lo recuerdo… que mientras nacía mi guagua, me estaban intubando”.

Gabriela es una de las más de 8 mil mujeres embarazadas, según la Dirección Nacional de Matronería, que se han contagiado de covid-19 y que han debido pasar su periodo de gestación en pandemia, con los cuidados, precauciones, miedos e incertidumbre que esto conlleva.

“Siempre tuve miedo”, asegura. “Todo fue súper fuerte, porque en un principio no había mucha información sobre mujeres embarazadas que se contagiaran, entonces los doctores me decían que estuviera tranquila, pero a mí me daba mucho miedo”.

Aquel día de noviembre de 2019 en que Gabriela y su marido fueron informados del embarazo, nadie lograba imaginar cómo serían los meses venideros, sumidos en la gran pandemia de los últimos tiempos.

La noticia los alegró, pero también que los hizo estar en alerta y tomar todos los cuidados posibles. Gabriela ya tenía antecedentes de embarazos riesgosos, producto de una incompetencia cervical, que mantuvo a su primer hijo en incubadora antes de fallecer.

Desde diciembre se mantuvo en reposo. Iba a los controles con su marido y trataba de cuidarse al máximo, pero la pandemia lo cambió todo: “Ya en abril empecé a asistir sola. Mi marido me esperaba afuera del hospital o en el estacionamiento. Yo no podía entrar con acompañante, porque el lugar estaba con muchos casos covid”.

Gabriela recuerda que debido al caos, las atenciones comenzaron a ser más esporádicas, le cambiaron varias veces a sus doctores e incluso los medicamentos entre un especialista y otro.

“Empecé a tratarme con mi doctora por teléfono, porque cada vez que iba a control, me atendía cualquiera, el doctor que que estuviera de turno y no eran especialistas en embarazos de alto riesgo”, cuenta.

Fue precisamente dentro de este desorden que Gabriela piensa que se contagió del virus.

“Cuando me dijeron que posiblemente podía tener covid, me asusté. Me hicieron un PCR que a la mañana siguiente dio positivo. Me pusieron inyecciones para que mi bebé madurara sus pulmones y me informan que el parto será una cesárea de emergencia”, recapitula.

Sólo después de despertar y de que el personal de salud organizara una videollamada con su marido, para que él la calmara y así la pudieran extubar, Gabriela se enteró de que su hijo estaba sano, en una cuna y que era fuerte.

La pandemia que cambió los protocolos

Kimberly vivió durante el embarazo y el parto dos contagios de covid-19, o eso por lo menos le informaron, cambiando drásticamente lo planeado para el día que dio a luz a su primer hijo.

Según la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (Sochog), con su encuesta Embarazadas y Covid-19 en Chile, de los 7.638 partos que se registraron entre el 1 de marzo y 15 de abril pasado, el 5,05% correspondió a mujeres embarazadas con el virus (386 en total).

De ellas, el 10,9% (42) vivió un parto prematuro y el 30% (115) tuvo que ser ingresado a una UCI o UTI. A su vez, más de la mitad ese último grupo, 66 mujeres, requirió ventilación asistida.

En el caso de Kimberly, primero se dio cuenta del contagio y dos semanas más tarde el test de embarazo también arrojó el mismo resultado. Ya tenía nueve semanas y su médico inmediatamente le explicó que no corría riesgo.

“Después de todo eso, me cayó la teja que cuando tenía covid mi bebé ya estaba ahí. Al principio sentí mucho miedo y muchas dudas, ya que deseábamos este bebé, mi primer embarazo, y por nada del mundo lo quería perder o que se enfermara”, enfatiza la joven de 24 años.

Le aseguraron que todo iba a estar bien, que las probabilidades de que el embrión se contagiara eran muy bajas, que la placenta lo protegía. Eso la calmó.

La soledad de los controles y ecografía fue solo el comienzo. Kimberly tuvo que ser hospitalizada a las 34 semanas por su diabetes y colestasia, afección en la que se reduce u obstruye el flujo de la bilis del hígado. Monitoreada las 24 horas del día, el objetivo era llegar a las 37 semanas de embarazo.

Le habían programado la inducción para el 18 de febrero. “Recibo una llamada a las 6 de la mañana. Era mi doctor y me dice que mi PCR había salido positivo. Le digo que es imposible. Me asegura que la única persona que me podía visitar, mi madre, me contagió. Sin entender nada, me comienzan a preparar para una cesárea de emergencia”, narra.

Ahí comenzó la pesadilla de Kimberly, quien recuerda no haber sentido ningún síntoma como la primera vez. Incluso pidió que le repitieran el examen, pero se negaron: “Me dijeron que tardaba como siete horas en estar el resultado, y aunque ese PCR saliera negativo, ellos se seguirían rigiendo por el que dio positivo y que activarían sus protocolos”.

Recuerda que lloró mucho, que pensaba que era imposible. Estaba en una clínica internada hace más de una semana.

“Me llevan a pabellón y no querían esperar a que llegara mi pareja al parto, hasta que los convencí. Llegó, pero no lo dejaron tocarme, ni al bebé. Me llevaron al área de aislamiento sin querer repetir mi PCR, sin conocer ni tomar a mi bebé y mandándome una foto diaria por WhatsApp. Así lo conocí”, afirma.

Todos los PCR de sus familiares resultaron negativos. “Al darme de alta fui a hacerme nuevamente el examen y adivinen, salió negativo. Nunca tuve covid”, asegura. “De hecho, tuve que aguantar comentarios de las matronas y enfermeras que afuera de mi habitación decían ‘no quiero entrar’, ‘me voy a contagiar’ o ‘espérenme con cloro cuando salga”, finaliza.

Problemas de coagulación en el parto

Estefanía también tuvo que vivir su primer parto bajo la sombra del virus. Con ocho meses de embarazo, ya habían fijado el 14 de noviembre como fecha tentativa. El problema fue que el PCR dio positivo.

“Fue un balde de agua fría, no sabía qué había hecho mal, sólo salía para los controles. Nos fuimos a cuarentena mi pareja, mi hermana y mi mamá que eran mis contactos estrechos”, relata.

Los días que siguieron fueron complejos para esta joven de 27 años. Encerrada y sola, rogaba para que las contracciones no se adelantaran y pudiese cumplir con la cuarentena preventiva, porque si empezaba con trabajo de parto tendría que tener a su hija en aislamiento.

Y fue así. Al día 18, se dirigió al hospital. Estefanía informó que había cumplido con lo requerido y fue ingresada como paciente negativa. Su bebé nació sano, pero luego de expulsar la placenta, la preocupación del equipo médico fue latente.

“No paraba de sangrar y mi presión estaba bajando, tuvieron que llamar a una doctora, supongo era ginecóloga. Ella introdujo su mano en mi útero para ayudar a que saliera la sangre que quedaba. Una prima matrona ya me había advertido que el coronavirus provocaba problemas de coagulación”, explica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las mujeres embarazadas corren un mayor riesgo de sufrir covid-19 grave que quienes no están gestando.

Según un estudio colaborativo, en Chile un tercio de las mujeres embarazadas han requerido hospitalización. El grupo más propenso a ser afectado gravemente por la enfermedad son las mujeres con más de 24 semanas de gestación, de acuerdo a dicha investigación.

Estefanía admite que era de aquellas personas que no creía mucho en el virus: “En el parto sentí mucho miedo de morir. Por mi bebé no sentí miedo, porque me habían dicho que la placenta era una fortaleza y que el virus no llegaría a ella”.

Con respecto a posibles secuelas, asevera que nadie le ha informado nada. Elena, su hija, ya tiene cinco meses y a la fecha está completamente sana.

La vacunación en embarazadas

“Las embarazadas están más infectadas que en la primera ola. En los servicios de salud hay más pacientes embarazadas hospitalizadas y también hay más pacientes que están ingresando a la UCI”, asegura el Dr. José Andrés Poblete, presidente de la Sochog.

Pero, hasta ahora, la OMS no recomienda la vacunación de mujeres embarazadas. Esto se debe a la falta de datos, según señalan, y no a que haya evidencia de que las dosis sean dañinas.

En febrero, el Comité Asesor en Vacunas y Estrategias de Inmunización (Cavei) del Ministerio de Salud recomendó aplazar la vacunación de embarazadas en Chile. Según el organismo, el Instituto de Salud Pública (ISP) es el encargado de establecer la seguridad de las vacunas aprobadas en mujeres gestantes y, hasta el momento, no existe evidencia científica sobre posibles efectos secundarios.

Ilustración de vacuna

El documento Pronunciamiento del CAVEI sobre el uso de vacunas COVID–19 en embarazadas y mujeres  en periodos de lactancia, sugiere además, que “las recomendaciones pueden cambiar en la medida que se disponga de nueva evidencia en torno a la seguridad y eficacia de vacunas COVID-19 durante el embarazo y lactancia”.

A través de sus redes sociales, este sábado el Ministerio de Salud publicó el calendario de vacunación covid–19 que corresponde a la semana entre el 26 de abril y 2 de mayo. Publicación que, por primera vez, incluye a embarazadas a partir de las 16 semanas de edad gestacional.

Sin embargo, la vacuna no estaría destinada a todas las embarazadas. Solo podrán vacunarse quienes posean comorbilidades como obesidad, síndrome hipertensivo del embarazo, diabetes pregestacional y gestacional, trombofilias, embarazo múltiple, patologías que requieran tratamiento inmunosupresor o enfermedades cardíacas o pulmonares graves.

«A comienzos de abril le fui a contar a mi familia que estaba embarazada. Fue la última vez que los vi hasta diciembre. No los vi en todo mi embarazo.»

— Judith, de 32 años.

A la fecha, países como Estados Unidos, Israel e Inglaterra ya están vacunando contra el covid-19 a mujeres gestantes y en periodo de lactancia.

Según la encuesta realizada por investigadores de la Escuela Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, mujeres embarazadas de la India, Filipinas y de gran parte de los países de América Latina, son las más partidarias en vacunarse. Incluso, más del 75% vacunaría a sus hijos.

Entre la incertidumbre de la distancia y la soledad

“Cuando Mateo nació, lo único que vi fue su manito, una manito muy chiquitita. Ahí lo escuché llorar. Sentía que los doctores hablaban y que me tironeaban por dentro. De ahí se lo llevaron y no lo vi hasta tres meses más”.

Judith, de 32 años, también parió en plena pandemia. A diferencia de otras embarazadas, ella no tuvo covid durante la gestación, pero la angustia, el aislamiento y el distanciamiento físico de sus seres queridos la marcaron e insiste que le pasó la cuenta.

“Estar lejos de la familia siempre duele, sobre todo durante el embarazo que siempre uno anda más sensible. La angustia de ir al hospital era terrible. Ir a las ecografías y ver que las doctoras llegaban vestidas como astronautas era muy agobiante. Yo decía ‘me van a tocar y me van a contagiar de algo’”, expresa.

Para ella lo más difícil fue separarse de sus familiares y de sus amigas, y dejar de verlos de un día para otro. La soledad por haber estado con la gente que quería, y que ellos no pudieran disfrutar de su embarazo, fue doloroso.

“A comienzos de abril le fui a contar a mi familia que estaba embarazada. Les conté y fue la última vez que los vi hasta diciembre. No los vi en todo mi embarazo. Y como mi embarazo fue corto, ellos nunca me vieron embarazada. Entonces, no tenerlos cerca, no poder hacerlos partícipe de este momento, fue heavy”, lamenta.

Judith tuvo un embarazo de riesgo debido a la preeclampsia, enfermedad que la obligó a adelantar el parto a causa de un cuadro severo que le provocó síndrome de HELLP –afección que tiene como síntomas náuseas, dolor de cabeza, hinchazón y dolor de vientre–.

Esta madre primeriza parió antes de cumplir los seis meses de embarazo con toda la incertidumbre que esto traía, sumado a los miedos de contagio.

“Yo jamás había estado hospitalizada. Estuve sola, tenía miedo, y un montón de cosas me pasaron por la mente. Cuando me dijeron ‘no podemos seguir esperando, hay que sacar la guagua’, me dio terror. Corría peligro mi vida y la de mi hijo. Mis plaquetas descendieron y la placenta me estaba envenenando. Si no paría me moría intoxicada”, detalla.

Mateo pesó 995 gramos y midió 31 centímetros. A pesar de lo traumático del parto, para Judith lo peor ocurrió posteriormente. Su hijo nació e inmediatamente lo llevaron a una incubadora. Por protocolos del recinto médico, ella no pudo conocer a Mateo. Lo vio por primera vez después de tres meses.

“El hospital decidió suspender todas las visitas a Neonatología por los altos niveles de contagio. Sólo lo veía por video, porque así reemplazaron las visitas, con videollamadas solo de lunes a viernes. O sea, yo era mamá de lunes a viernes. No podía saber de mi hijo los fines de semana”, subraya.

Para Judith se vulneraron todos sus derechos y los de su hijo. “Tengo entendido que es un derecho de los bebés prematuros estar con sus papás y hacer apego”, aclara.

“Lo más triste, lo más angustiante durante la pandemia, fue no poder estar ni conocer a mi hijo. Fue terrible y doloroso”, finaliza.

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