Envejecer siendo trans: los pocos casos de quienes superan los 60 años

Tienen más de 60 años y algunos sienten que están naciendo. Son adultos mayores trans, un grupo olvidado e ignorado por instituciones. Esta es la historia de Mónica, Katty y Patricio en el Día Internacional de la Visibilidad Trans.


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Todas las mañanas, Mónica (61) se levanta para darle de comer a sus perritos, su principal compañía durante la pandemia. Ella vive sola. Desde hace más de veinte años que permanece en un campamento de Puente Alto, residiendo en una mediagua que pronto le cambiarán porque la que tiene se llueve. Se mantiene gracias a una pensión que le entrega el Estado y que a veces no le alcanza. Se maquilla. Se viste con ropa bonita “para envejecer regia y digna”, me dice. A Mónica le gustan las flores, la Palmenia Pizarro y confesarle sus penas a los pequeños cachorros.

Mónica es una mujer trans que hoy tiene más de 60 años. Integrante de un grupo invisibilizado en la sociedad, escaso y olvidado por las instituciones estatales.

Según la última encuesta Casen (2017), en Chile existen casi 3,5 millones de personas mayores de 60 años. De ellas, un 2,9% se considera una persona trans, siendo casi el 30% de estas mayores de 55 años.

Como Mónica, cada día son más las personas trans que han logrado pasar la barrera de los 60 años en Chile. Una edad a la que pocos llegan, debido a que “el promedio de vida de las personas trans en América Latina y el Caribe es de 35 a 40 años”, según el Informe sobre el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales de la población trans en Latinoamérica y el Caribe de REDLACTRANS (2014).

El informe La transfobia en América Latina y el Caribe de Gabriel Ulises Borgogno apunta a que las principales causas de esto son el VIH, los homicidios transfóbicos, los abusos policiales, la mala atención en los hospitales y centros de salud, las nulas oportunidades laborales, el mal uso de silicona industrial, el contexto de pobreza, y la violencia social y política.

Pero, ¿quiénes son las personas trans que sí llegan a la vejez?, ¿cómo viven?, ¿cómo son sus pensiones?, ¿cómo es su acceso a la salud?, ¿cómo viven su sexualidad?, ¿se dan permiso para el amor? Esta es la historia de Mónica, Katty y Patricio, tres personas adultas mayores trans en el marco del Día Internacional de la Visibilidad Trans.

La pandemia

“En Chile y en todo el mundo es muy difícil envejecer siendo trans”, dije Katty (69). “Es una vejez muy sola, porque solo nos acompañamos entre nosotras”.
Katty es una activista que lucha por los derechos y la dignidad de las personas trans. Es presidenta de TravesChile y la responsable de crear el primer mausoleo trans en América Latina.

Katty Fontey
Katty Fontey, 69 años.

Vive en el paradero 33 de Gran Avenida. Ahí pasó la pandemia con angustia, con alzas y bajas de presión que la llevaron en varias ocasiones al consultorio, exponiéndose al virus. “Fue agobiante, porque vivo con mi compadre que tiene cáncer y su nieta de un año. Era estar siempre pensando en no pegarse nada para no enfermarlos a ellos”, comenta.

Al 24 de marzo del 2021 han fallecido más de 25 mil personas mayores de 60 años (84,5%) a causa del covid–19, tanto en casos sospechosos como confirmados, según cifras entregadas por el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS).

Este preocupante número de fallecidos es lo que asusta, también, a Mónica. “Tuve varios ataques de pánico”, confiesa. “Pero ahora me dieron unas pastillas para los nervios y para estar más tranquila. Es que yo no me puedo morir y dejar a mis perritos solos”.

Para Patricio (63) la pandemia también fue complicada. “Yo pasé los tres primeros meses de la pandemia donde un amigo, pero cuando volví fue peor, porque fue en invierno. Entonces, me dio como un bajón”.

Patricio estuvo casado dos veces antes de ser reconocido socialmente como Patricio. Tuvo dos hijos con su primer marido y hoy tiene nietos. A los 58 años se cuestionó si quería ser feliz durante su vejez. A los 60 reconoció que era Patricio y hace poco más de un año empezó su transición.

Soy trans desde que tengo razón de vivir

La 1ª Encuesta para personas trans y de género no-conforme en Chile, elaborada por la asociación Organizando Trans Diversidades (OTD) del 2017, reveló que un 41,3% de personas trans y no-conforme reconocen que no se adecuaban al género impuesto entre los 0 y 5 años.

“Soy Patricio desde los 4 años”, relata. “Yo nunca jugué con muñecas. Siempre jugué al trompo, a las bolitas, a los vaqueros, y mi mamá me sacaba la cresta”.

Mónica confiesa que, cerca de los 3 o 4 años, también se dio cuenta de que su género era distinto: “Yo soy niña desde que tengo razón de vivir. Le sacaba la lana a mi mamá, me tejía cosas y me ponía sus zapatos”.

“Una nace, no se hace”, reflexiona Katty. “Yo soñaba con hacer la primera comunión de vestido largo, porque en esos años a las niñas las vestían como novias”. Finalmente a los 9 años se escapó de su casa en Curicó cuando sus padres se enteraron.

Al llegar a Santiago y luego de haber sido expulsada del liceo, Katty llegó a la calle. Deambuló hasta que la llevaron a la Casa Nacional del Niño. El destino la llevó después a la boîte Bossanova de la tía Carlina en calle Vivaceta. Ahí aprendió a bailar con Paco Mairena, coreógrafo del Bim Bam Bum, dedicándose al espectáculo por varios años.

«En Chile y en todo el mundo es muy difícil envejecer siendo trans. Es una vejez muy sola, porque solo nos acompañamos entre nosotras»

— Katty Fontey, 69 años.

Mónica, por su parte, se fue de su casa a los 16. Llegó a San Camilo donde trabajó y aprendió a maquillarse. Tres años después volvió a su casa vestida de mujer. “Mi papá no me conoció. Él le dijo a mi mamá: te busca una señorita afuera. Y cuando salió le dije que la venía a ver y que le traía regalos”.

Patricio, en cambio, no se fue de su casa. Tuvo que resistir violencia y discriminación. “Lo pasé mal, muy mal. Mi mamá me llevó a terapias de conversión, electroshock, violaciones consentidas, exorcismos”, revela Patricio, quien confiesa que para no seguir recibiendo tanto daño decidió ceder y ser quien quería su madre.

Según cifras de la OTD, un 56% de personas trans declara haber intentado suicidarse. El 46% de ellos entre los 11 y los 15 años.

“Una vez antes de salir del colegio intenté suicidarme. Cuando me llevaron al hospital me dijeron que debía ir a una psiquiatra, pero mi mamá me dijo que no. Ella me mandó a otro lado, donde me hicieron unas terapias de mierda”, afirma Patricio.

 

Acceso a salud y pensiones dignas

Patricio es una de las pocas personas en Chile que ha comenzado su transición posterior a los 60 años. “A los 58, cuando estaba a punto de jubilar, me pregunté: ¿qué quiero hacer ahora? Y me respondí que quería vivir como siempre había querido”.

En este periodo de aprendizaje y redescubrimiento ha debido explicarle a otros sobre la identidad de género. Sobre todo en los sistemas de salud privado, donde no han querido respetarle su nombre social.

Patricio Vega
Patricio Vega, 63 años.

“Yo exijo que me traten con mi nombre social. Yo soy isapre y en varios lugares me han dicho que no se puede”, revela Patricio. “La última vez que me dijeron que no podían poner mi nombre social en mi ficha, pedí hablar con la jefa. Le quería explicar que había una circular”.

La Circular 21 del Ministerio de Salud es un instructivo de atención de personas trans en la red asistencial de salud. Vigente desde el 2012, indica que el personal de la salud debe utilizar siempre el nombre social y el género (masculino o femenino) con el cual la persona se identifica.

A diferencia de Patricio, Mónica y Katty, nunca han sufrido discriminación en los Centro de Salud Familiar (Cesfam) y hospitales públicos.

Otro problema que le preocupa a Patricio es el tema de las pensiones. “Tenemos una jubilación como las pelotas”, expresa, aclarando que si no fuera por la pensión de viudez que posee no podría hacer nada.

En Chile, prácticamente el 80% de las pensiones son menores al ingreso mínimo ($326.500), según Fundación Sol.

“Yo soy jubilada por el seguro social de salud”, expresa Katty. “Cuando llegué a Arica, una amiga me dijo que me impusiera. Me llevó a sacar una libreta verde y empecé a imponerme como limpiadora de vidrio y enceradora de casa”.

Por su parte, Mónica solo recibe su pensión solidaria por $158.339. Hasta el momento, ha recibido algunos beneficios del Estado, pero no sabe si puede acceder a más, pues no sabe ingresar a internet.

«Yo exijo que me traten con mi nombre social»

— Patricio Vega, 63 años.

Apoyando a las personas mayores trans

Durante la pandemia varias agrupaciones fueron en ayuda de personas trans. Una de ellas fue la asociación Organizando Trans Diversidades (OTD), que por un periodo de cuatro meses entregó cajas de mercadería, artículos de aseo y apoyo psicológico voluntario y gratuito a quienes lo hayan requerido.

Shane Cienfuegos, coordinadore de Juntes en red superamos la crisis, expone que este proyecto fue una “propuesta de intervención social destinada a mitigar los efectos de la exclusión social agudizada por la contingencia del covid-19”.

El proyecto nació y se desarrolló a mediados de octubre de 2020, luego de ser acogido por Juntas en Acción. Se realizó con financiamiento de la organización internacional que lucha contra las violaciones de los derechos humanos de lesbianas, gays, bisexuales, personas transgéneros y personas portadoras del VIH, OutRight Action International, a través del Fondo Global de Emergencia LGBTIQ COVID-19, y el cofinanciamiento de la Unión Europea.

La iniciativa llegó a un 2,6% de personas mayores trans del público objetivo del proyecto. “Adultes trans mayores que pasaban por momentos de alta vulnerabilidad, adoleciendo de apoyo social por parte de las municipalidades”, detalla Cienfuegos.

Tanto en el Ministerio de Desarrollo Social y Familia como en el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) no existen datos precisos ni actualizados sobre personas trans mayores de 60 años ni tampoco sobre su situación vigente socioeconómicamente.

Esta falta de datos y de políticas públicas se debe a que el Senama basa su lineamientos según lo expresado en la encuesta Casen 2017, encuesta que en su mayoría no están contempladas, a cabalidad, las personas trans.

 

Vejez trans y lo sexoafectivo

El 65% de las personas mayores considera la vida sexual como algo importante en sus vidas. Ese es el resultado de la Encuesta Calidad de Vida en la Vejez, realizada por la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y la Caja de Compensación Los Andes en 2017.

Para Patricio el tema sexo-afectivo es un tema tabú para las personas mayores de 60 años. “Es como si al ser adulto mayor nunca más tuviste sexo. En este país, pareciera que a uno se le muere el deseo. Y nada que ver, porque a esta edad uno sabe lo que quiere, por dónde quiere y cómo lo quiere”.

Mónica dice que se encuentra mucho mejor sola. “No creo que vuelva a estar en pareja. Es que todos los hombres son iguales. Tú sabes: la escoba al principio barre muy bien, ¿pero después? Ya no estoy para esas cosas”, dice.

Por su parte, Katty expone que para ella ya no existe el amor: “A una no la quisieron cuando joven, menos después, de vieja. Imagínate, si para una mujer es difícil encontrar pareja, para una que es trans es mucho más”.

Pero Patricio, aún tiene esperanzas. Producto de la pandemia se dio cuenta que no quería estar solo y a pesar de haberse propuesto no amarrarse a nada ni a nadie, asevera que actualmente piensa diferente. “Ahora me está empezando a picar el bichito”, agrega.

«Vimos adultes trans mayores que pasaban por momentos de alta vulnerabilidad, adoleciendo de apoyo social por parte de las municipalidades»

— Shane Cienfuegos, coordinadore de proyecto Juntes en red superamos la crisis.

Mirando hacia el futuro

Ad portas a las primeras elecciones de convencionales constituyentes, Mónica, Katty y Patricio ansían una Constitución que incluya a personas trans, que se trabaje con ellas y que se debatan problemas de este grupo.

“Quiero que en la Convención haya alguien que luche por las trans”, dice Katty. “Que proponga por ejemplo, tener una casa de acogida para que trans de la tercera edad tengan un techo. Algo para pasar el invierno y para no pasar hambre.” anhela Katty.

Por su parte, Patricio propone la discusión de la figura de progenitor. “En el certificado de mis hijos debería decir progenitores, no padre o madre. Un nombre universal para ambos. Porque ahora mis hijos tienen dos padres y eso genera que haya diferencias, y no deberían haberlas”.

Mientras Mónica apela a discutir sobre discriminación: “Me gustaría que nosotras no fuéramos discriminadas por la sociedad. No quiero que las nuevas generaciones pasen por lo que yo tuve que pasar”.

Se proyecta que para el 2050 una de cada cuatro personas será mayor de 60 años en Chile, representando más del 25% de la población. También aumentarán las personas mayores trans.

“Quiero que vengan nuevas generaciones de personas trans sin miedo”, expresa Patricio. “Decirles que se atrevan, que nunca es tarde, que no esperen tanto y que lo hagan. Que sean lo que ellos quieran ser, que sean felices y que no les corten sus alas”.

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