Viaje al voto peruano en Chile: sus demandas y esperanzas ante la elección de constituyentes

Según el Servel, 149.314 peruanos podrán plasmar su opinión en las elecciones de abril, el mayor número de extranjeros habilitados. Muchos de ellos llegaron hace décadas a Chile con la esperanza de lograr una vida mejor. Hoy ven la elección de constituyentes como una nueva oportunidad para ello.


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“Necesitamos que entiendan que los inmigrantes no somos personas de segunda clase”, afirma Ariani (29). “Tenemos derecho a migrar y a la ciudadanía plena”, asegura Manuel (70). “Exigimos mejores oportunidades laborales”, dice Haydee (60). “Que se respeten las opiniones políticas de las personas migrantes”, busca Magally (54). “Sueño con que mi hijo migrante sea el futuro presidente de Chile”, menciona Rocky (48).

No son sólo deseos, sueños y anhelos, son también exigencias de quienes decidieron, por diversas razones, dejar Perú y asentarse en un nuevo país.

Algunos solos, otros acompañados o arrastrando a los suyos, pensando en buscar una vida mejor a como dé lugar. Empezaron de cero, con la esperanza de hallar las oportunidades laborales y económicas que les confirmaran que había sido la decisión correcta.

Ahora, después de años viviendo en Chile, tienen la opción de votar para elegir a quienes escribirán la Nueva Constitución, y ya están poniendo sus puntos sobre la mesa.

El voto extranjero

Ariani Imán recuerda que tenía sólo 10 años cuando su mamá, Haydee, viajó para buscar nuevas oportunidades laborales en Santiago. Lo logró como trabajadora de casa particular, con un sueldo de $200 mil mensuales.

Al poco tiempo se trajo a su única hija. Ariani empezaba así una nueva travesía, una nueva vida que en un principio no entendió bien. Como Haydee no estaba autorizada a trabajar con su hija, la pequeña estuvo por años viviendo en casas de amistades de su madre y, finalmente, en un internado. Sólo se veían cada 15 días.

Así estuvieron hasta que Ariani terminó la enseñanza básica. “El sacrificio fue grande para ella, pero para mí también, porque era una niña que no entendía por qué la habían sacado de su casa en Perú, con sus primas, su papá, su familia, a un lugar lleno de extraños. Lloraba todos los días”, cuenta.

Tras años de esfuerzo, Haydee logró arrendar una pieza en un cité ubicado en el centro de la ciudad por $60 mil. Un cuarto de 12 metros cuadrados, donde no solo viviría madre e hija, sino también el tío de Ariani junto a su pareja y su hija de cinco años. Los baños eran compartidos por cerca de 20 habitaciones.

Han pasado 15 años desde entonces. Haydee sigue trabajando como trabajadora de casa particular y como reponedora en un supermercado.

Ariani es periodista con doble nacionalidad peruana-chilena y formará parte de los inmigrantes peruanos que el 10 y 11 de abril votarán en las elecciones para constituyentes, gobernadores regionales, alcaldes y concejales.

Según el Servicio Electoral de Chile (Servel), Perú es el país con mayor número de población migrante en Chile con derecho a voto.

El padrón electoral por nacionalidad actualizado para las próximas elecciones muestra que lidera con 149.314 ciudadanos, le sigue Colombia con 49.746 y Bolivia con 47.926. Argentina y Ecuador ocupan el cuarto y quinto lugar con 29.714 y 17 mil personas, respectivamente.

Estos números han ido en alza. En el caso de los peruanos, el Servel muestra que la cifra de electores habilitados para sufragar ha mostrado un marcado crecimiento en los últimos comicios.

En 2017 el padrón era de 111.521, mientras que para el plebiscito del año pasado este alcanzó los 138.381 ciudadanos que cumplían con todos los requisitos.

“Hoy soy más consciente de que votar es lo más importante porque tenemos la opción de elegir a quien nos gobierna o quien en este caso pueda redactar nuestra la Nueva Constitución”, comenta Ariani.

Análisis del voto peruano en Chile

Rocky Vega, ingeniero comercial de 48 años y con 28 radicado en Chile, apunta a que es clave la participación política, aunque le preocupa ver a muchos de sus compatriotas que no están bien informados respecto de los candidatos o se dejan llevar por las opiniones cercanas.

“Es importante porque nos afecta, ya que vivimos aquí, pagamos impuestos, somos consumidores al igual que los demás inmigrantes y chilenos”, afirma.

Sin embargo, los mismos peruanos son realistas en señalar que no esperan una gran participación cívica para el 11 de abril… ¿Por qué?

“Esta vez sucede una situación que complica la participación masiva, ya que el mismo día 11 son las elecciones presidenciales en Perú. Entonces los peruanos tendrán que elegir en cuál de las votaciones van a participar, y lo más probable es que voten en las elecciones peruanas y no en las chilenas, porque el voto aquí es voluntario y allá es obligatorio”, sostiene Magally Ávila, miembro de la Red de Periodistas Migrantes y de la Coordinadora Feminista 8M.

«Hoy soy más consciente de que votar es lo más importante porque tenemos la opción de elegir a quien nos gobierna o quien en este caso pueda redactar nuestra la Nueva Constitución”.»

— Ariani Imán, que ha vivido más de 15 años en Chile.

Y no sólo en Perú. Ese mismo día en Ecuador se vota la segunda vuelta presidencial y en Bolivia hay municipales, todas de carácter obligatorias.

Sin embargo, la promulgación de la ley que permitirá emitir el sufragio el 10 y 11 de abril en las elecciones chilenas abre la puerta a una mayor participación extranjera.

La llegada de los peruanos

La migración peruana actual forma parte de un proceso que dio inicio en la segunda mitad de la década de los 90. Ahí comienza la llegada de migrantes en calidad de refugiados y también de activistas sociales, producto del gobierno de Alberto Fujimori. Son los primeros en sentar bases para lo que serían las futuras migraciones. Así surge el Comité de Refugiados Peruanos y la Asociación de Inmigrantes a nivel latinoamericano.

La reforma neoliberal también generó que la economía peruana sufriera un impacto importante provocando nuevos flujos de migrantes a Chile en busca de oportunidades económicas reales.

Las primeras comunidades lograron una adaptación relativamente exitosa en áreas como la gastronomía, labores manuales y educativas, en el caso de trabajadoras de casa particular. Una vez asentados, los inmigrantes comenzaron a traer a sus propias familias desde Perú.

A mediados de la década del 2000, los peruanos ya superaban los 200 mil en Chile. Por esos años el dinamismo de la migración se estancó, en la misma medida que la economía de dicho país mostraba claros indicios de dinamismo, con tasas de crecimiento en el mercado interno y sector exportador significativas.

Con la llegada de la pandemia, miles de ellos decidieron repatriarse y no seguir intentándolo, otros, que siguen siendo la gran mayoría, ya cumplen como mínimo 10 años viviendo en Chile.

Luis Roman se quedó. Había llegado a Chile en 1992 con una meta: crecer rápido económicamente por tres años y regresar a Perú. Eso no pasó. “No es venir, conseguir trabajo y lograr las cosas. La primera traba que tuve fue dónde quedarme. No conocía a nadie y con siete dólares en el bolsillo que me duraron apenas una semana”, narra.

Un conocido lo ayudó y le consiguió un sitio. Eran seis peruanos en una pieza de ocho metros cuadrados. Luis recuerda que en un mes bajó cerca de 25 kilos, su alimento era sólo agua.

Al mes consiguió trabajo en una empresa de plásticos donde ganaba el sueldo mínimo. Un año después, un chileno le tendió la mano y le ofreció un nuevo trabajo. Gracias a ello se mudó a una pieza solo.

Desde entonces este peruano de 25 años logró mejorar su condición con mucho trabajo, sin descanso durante 14 años. Incluso formó una familia con una chilena.

 

«Rechazan cuando protestamos por algo injusto, porque señalan que debemos aceptar porque estamos en otro país. Eso no es así.»

— Magally Ávila, miembro de la Red de Periodistas Migrantes y de la Coordinadora Feminista 8M.

“El peruano es multifacético. El empresario entendió que, si le das unos pesitos más, te hará el trabajo de dos a tres personas. Nosotros venimos con otra ideología”, asegura.

Hoy ya cumple más de 25 años en Chile.

Las necesidades más urgentes

Durante los últimos cinco años, dos procesos han remecido la subjetividad de los y las trabajadoras en Chile, incluyendo, por cierto, a la población extranjera. Por un lado, la emergencia de la movilización popular que cobró dimensión nacional y multitudinaria a partir de octubre de 2019 en contra del esquema de crecimiento económico que ha centrado sus beneficios en unos pocos.

Paralelamente, la crisis sanitaria a nivel mundial ha golpeado con crudeza al sector migrante de menor y más precaria inserción laboral y social, constituido sobre todo por los flujos recientes procedentes de Haití y Venezuela.

“Pedimos que nos den las mismas oportunidades que tienen los ciudadanos chilenos. Hoy más que nunca necesitamos facilidades para el acceso a la vivienda y que reconozcan nuestros estudios en el campo laboral. La mayoría de los peruanos tenemos educación y eso no se valora”, opina Luis Roman.

Modesta Merma llegó a Chile en 2006 y fue parte del sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, pero perdió su trabajo tras la crisis derivada del estallido social y la pandemia. Según su visión los temas más urgentes a tratar son  una AFP con nuevas reglas, salario en igualdad de condiciones, cerrar la brecha de desigualdad para los inmigrantes en salud y educación, y derogar la ley de inmigrantes en Chile.

Para Magally Ávila, que se identifica como una persona que defiende los DD.HH. y está en constante búsqueda de la justicia social, el acento en las próximas elecciones “se debe poner en exigir el respeto a los derechos humanos principalmente, que se respeten los derechos adquiridos por las comunidades migrantes, que se reconozca la igualdad de derechos entre nacionales y extranjeros, y que se reconozca el derecho a migrar y el derecho a participar políticamente”.

A su juicio, temas prioritarios son el acceso a la salud, educación, derechos básicos y ayudas sociales. “Es urgente la regularización migratoria para que se logren estos accesos”, añade.

El trabajo también es fundamental. Eder Gallardo, chef peruano con 15 años el país, asevera que es prioridad que los abusos laborales cesen y se respeten los valores humanos, sin importar nacionalidad y género.

“Si votaran todos los ciudadanos que aparecen en el padrón, la diferencia sería abismal, pero por lo que converso con mis contactos, muchos no votan”, comenta.

El único candidato peruano

En 1934, durante el segundo gobierno de Arturo Alessandri, comenzó a regir la Ley N° 5.357, que otorgó el derecho al voto femenino en elecciones municipales, al igual que a los extranjeros mayores de 21 años que supieran leer y escribir y contaran con más de cinco años de residencia en el país.

La primera vez que se constitucionalizó fue en 1980. En el artículo 14 de la Constitución de ese año se determinaba que los extranjeros avecinados en Chile, mayores de 18 años y sin penas aflictivas podían votar en cualquier elección.

“Buenos días, permítame presentarme. Soy Manuel Hidalgo, ingeniero comercial, economista y asesor sindical. ¿Tiene usted más de cinco años de residencia en Chile?”, pregunta este peruano de 70 años a otros migrantes en plena plaza de Armas. A continuación, le entrega un volante con su foto, información de las próximas elecciones, cómo y dónde votar.

Manuel, tras 45 años viviendo en Chile, logró transformarse en el único peruano candidato a la Convención Constituyente en representación de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes de Chile por el Distrito 10, que agrupa a Santiago, Providencia, Ñuñoa, Macul, La Granja y San Joaquín, comunas con una alta concentración de migrantes habilitados para votar. En la región Metropolitana hay más de 110 mil peruanos habilitados para sufragar.

El objetivo de Manuel es claro: que más extranjeros entiendan la importancia de su voto en los próximos comicios para poder generar cambios reales respecto a su condición. Es por eso que Hidalgo busca lugares estratégicos para entregar volantes e informar a cerca de 40 migrantes diarios y así promover su participación.

“Hasta ahora, la población migrante con derecho a voto no ha hecho uso de ese derecho, sino en un mínimo porcentaje. No ha entendido cómo esto es verdaderamente trascendente para su vida. Pero esta vez no es así. Esta vez su voto no sólo importa, sino que puede contribuir decisivamente a abrir paso a un cambio político a favor de los derechos de los pueblos y de los trabajadores y trabajadoras”, afirma.

Según un informe del Servel de las elecciones generales del 19 de noviembre de 2017, sólo un 16% de los peruanos habilitados para votar ejerció su derecho, por debajo del nivel general de los extranjeros, de 19%.

Para Manuel, las elecciones constituyentes, por primera vez en la historia de Chile, son una oportunidad inédita para la población migrante peruana con derecho a voto.

“Incidir con sus demandas y propuestas en la Nueva Constitución es una oportunidad histórica que no debe dejarse de lado. Dentro de ellas, buscar establecer no sólo el derecho a migrar como derecho humano fundamental, sino la ciudadanía plena para todos los que nacen y habitan en Chile, independiente de su nacionalidad y de su residencia temporal en el territorio”, agrega.

“Manuel representa el sentir de hombres y mujeres, sus anhelos, sus esperanzas y su lucha por vivir en tierra ajena con derechos y deberes. Su propuesta es real porque él, como yo y todos mis compatriotas, hemos vivido en carne propia la desigualdad, la discriminación y otras situaciones negativas”, opina Modesta Merma.

Por su parte, Magally Ávila manifiesta que, a pesar de que se ha logrado una mayor participación en política, falta mucho todavía: “Manuel Hidaldo y Catalina Bosh (cubana) pueden ser candidatos extranjeros sólo porque adquirieron la nacionalidad chilena. Aún los ciudadanos de otros países no pueden participar en las elecciones. Ese es un tema que se debe cambiar”.

Cambios concretos, ¡ya!

Manuel no pierde las esperanzas de lograr que los inmigrantes hagan valer su derecho y cumplan sus sueños. Lo que más urge para él es “el derecho a migrar y la ciudadanía plena”.

“Si votaran todos, apoyando nuestra candidatura y la de nuestra compañera Catalina Bosch, no sólo saldríamos electos, sino que apuntalaríamos nuestra presencia no sólo en la convención llamada a elaborar una Nueva Constitución en Chile, sino que en la construcción de un nuevo movimiento popular en Chile, que es el sujeto histórico necesario para su transformación política, económica, social y cultural”, añade.

Magally, como activista de derechos humanos y feminista, busca que en el país se respeten las opiniones políticas de las personas migrantes.

“Rechazan cuando protestamos por algo injusto, porque señalan que debemos aceptar porque estamos en otro país. Eso no es así, porque migramos con nuestros derechos. Es nuestro derecho tener opinión, manifestarnos públicamente, sindicalizarnos y participar políticamente. No somos personas de segunda categoría”, recalca.

Rocky, por su parte, sueña con que su hijo nacido en Chile, con madre chilena, no sea inscrito en registro civil como hijo de inmigrante, porque así está hoy por las normas y leyes chilenas.

“Sueño con que mi hijo, o cualquier hijo o hija de inmigrante, sea en el futuro presidente o presidenta de Chile. Sueño que hijo o hija de inmigrantes se conviertan en el líder de importantes compañías. Sueño con que no existan inmigrantes de primera, segunda, y tercera clase”, dice.

Ariani concluye que el camino ha sido largo, complejo: “El peso para mí es doble al estar nacionalizada, pero estoy confiada que desde octubre del 2019 las personas y los migrantes tomamos más consciencia de lo que queremos. Finalmente, tanto chilenos como extranjeros buscamos una vida digna”.

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