El 11 equivocado

La prensa hegemónica –oh, sorpresa– decidió dar mayor cobertura al 11S estadounidense que al nacional. Con sus mentes en Nueva York, extraviaron el sentido del deber, esencial para construir un futuro que asegure verdad, justicia, reparación y no repetición.


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Cuando estamos a sólo un par de años de cumplir medio siglo desde que la democracia fuera arrebatada con armas, que más de 3 mil personas fueran asesinadas y más de 30 mil torturadas, pareciera ser que deliberadamente los grandes medios de comunicación que son liderados por los mismos de siempre y que acaparan gran parte de la prensa nacional, ya no quieren hablar de lo que pasó entre 1973 y 1990.

Ya ni siquiera impresiona la poca cobertura que se le da al 11 de septiembre –al de acá–, marginado a sólo un par de minutos en televisión y a un puñado de letras en un rinconcito de la prensa escrita, donde nadie pueda encontrarlo.

En casi cuatro páginas, a todo color, El Mercurio publicó la conmemoración de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, mientras que sólo destinó un cuarto de página para una columna de opinión sobre los 48 años del golpe de Estado y una breve noticia de dos párrafos sobre los incidentes previos al 11 de septiembre.

En La Tercera fueron aún más audaces. La portada de su edición sabatina fue sobre el ataque terrorista de 2001, con una editorial para hablar de lo mismo y 14 páginas completas sobre el atentado al World Trade Center. ¿De nuestro 11 de septiembre? Nada. No existió para ellos.

Y el negacionismo no vive solamente en la prensa escrita. Los canales de televisión, que son los que tienen mayor alcance, no quedaron ajenos a esta decisión editorial. Teletrece Central destinó 10 minutos al 11S de Estados Unidos y sólo 33 segundos al 11S nacional, y las ediciones centrales de Chilevisión y Mega cubrieron el aniversario del ataque terrorista neoyorquino en más de una nota, dejando la conmemoración del golpe del Estado reducida a una mínima crónica de marchas y desmanes.

Una vez más, la conmemoración sobre la caída de las Torres Gemelas acapara la prensa, una vez más editoras y editores de grandes medios deciden privilegiar los dolores de otros por sobre los nuestros, y una vez más se pretende olvidar, tapar, dejar en el pasado lo que debería estar más presente que nunca. Cierto, cabe la autocrítica, nosotros tampoco publicamos sobre el golpe, pero nuestra cobertura es reducida y, a diferencia del resto, no le dedicamos espacio a una conmemoración extranjera.

¿Qué futuro estamos construyendo? Aquella canción que habla de lo que hemos perdido o de lo que nos ha arrebatado la dictadura, hoy toma más fuerza que nunca. “Se nos fue olvidando de mirar atrás”, dice, mientras hoy tenemos que mirar al pasado mucho más que antes para construir el nuevo Chile que queremos.

En un país donde el “nunca más” fue “en la medida de lo posible”, donde la justicia es todavía para pocos y donde existen policías que protegen a algunos y persiguen a otros, los medios de comunicación tenemos el deber ético de hacer memoria y de mantener presente los horrores del pasado para que ahora sí, ahora de verdad que sí –no como nos volvió a pasar el 2019– llegue el “nunca más”, acompañado de una justicia real, reparatoria, histórica y, por qué no, sanadora. Pero las heridas no se suelen curar ignorándolas o cubriéndolas con tierra y tinta.

En medio de un proceso constituyente y de cambios profundos en nuestro país, el convencional Roberto Celedón pidió en una emotiva carta que leyó en el hemiciclo del ex Congreso Nacional que recordemos a las víctimas de la dictadura, “a esas personas que sacrificaron su vida por este pueblo”, porque es “en nombre de ellas que hacemos este trabajo para darle a Chile una Nueva Constitución”.

“Un país sin memoria es un pueblo sin futuro”, dice en el Estadio Nacional, y es responsabilidad de todos y cada uno de quienes integramos medios de comunicación masivos, populares, comunitarios o independientes aportar para que ese futuro tenga la memoria necesaria, para que nunca más se repitan los errores, horrores y dolores del pasado.

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