La mentira tiene patas cortas

Un 70% del país no sabe detectar una noticia falsa. Las fake news son tan rápidas como peligrosas, y es urgente buscarle tratamiento a esta plaga digital que se propaga con la facilidad de los piojos en un kínder.


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Una vez en una reunión, compartiendo nuestras redes sociales, una compañera dijo: “No tengo Twitter porque es tierra de odio”. Al principio pensé que exageraba –al principio vendría siendo yo con un par de meses de existencia en esa red social–, pero hoy sé que estaba 100% en lo correcto.

Aparte de ser una de las redes sociales donde las mujeres se ven más violentamente atacadas en la esfera digital, con amenazas de muerte y violación, Twitter se ha transformado en un espacio altamente fértil para las noticias falsas.

Las fake news son un fenómeno tan antiguo como dañino. Pensémoslo como el viejo truco de echar a correr un rumor mal intencionado, como cuando mis compañeros de colegio le decían a todos que yo tenía piojos (aunque era cierto, era malintencionado). Las noticias falsas a veces funcionan así: toman un componente parcialmente o convenientemente cierto, para agregarle otras aristas y crear así una posverdad media Frankenstein que puedan defender.

Otra veces, son derechamente inventos en su totalidad.

Hace poco tiempo atrás, la compañía global Karspersky llevó a cabo un estudio en Latinoamérica respecto de las fake news. Los resultados mostraron que en Chile, un 70% de las personas no sabe detectar una noticia falsa. Y no estamos lejos de otros países de la región como Perú y Colombia.

El riesgo de una noticia falsa no es sólo que se propaga como incendio forestal a través de las comunidades digitales y presenciales, sino que instala a los medios de comunicación como mentirosos, algo así como meterlos a todos en el mismo saco.

A diferencia del cahuín de mis piojos, el cual logré superar, algunas noticias falsas pueden permanecer por años instaladas y esa permanencia les otorga más veracidad aun que el solo hecho de que el amigo de la vecina del primo de mi colega la comentara en el almuerzo.

En la era digital, se han difundido noticias falsas que han escalado enormemente escapando de la pantalla del celular para tomar forma en la vida real: el asalto al Capitolio en Estados Unidos es una muestra muy representativa.

Donald Trump –político de ultraderecha y misógino conocido– insistía fuertemente en sus redes sociales que durante las elecciones del año pasado había existido un fraude electoral. Sus manifestaciones y llamados a la acción a sus seguidores encendieron la mecha de lo que terminó con cuatro personas fallecidas.

La pandemia también fue una crisis repleta de noticias falsas. Inolvidable es la imagen de las personas con una cuchara pegada al brazo aludiendo que la vacuna contra el covid-19 les había dejado magnetizados. De verdad, memorable.

Me parece importante mencionar que las noticias falsas hoy en día no tienen que necesariamente venir de un medio de comunicación como tal para ser una noticia falsa. Es decir, hay situaciones falsas que se propagan rápidamente al ser publicadas por usuarios, como por ejemplo, pantallazos de un tuit falso, modificado digitalmente para parecer emitido por una cuenta.

Con el ambiente electoral a toda máquina, las fake news han encontrado un comodísimo espacio en las redes sociales, donde más allá de las preferencias de cada uno y cada una, ciertas mentiras son realmente irrisorias. La que más me ha sorprendido es aquella donde un usuario de Twitter advertía que en los puerta a puerta del candidato Gabriel Boric se tomaría nota de los bienes de cada persona para luego quitárselos.

Esto fue un tweet de un señor “x”, no lo publicó un medio. Sin embargo logró tener resonancia en un sector de la ciudadanía, e instalarse como algo probablemente cierto y convenientemente posible para el sector que se ubica al extremo más extremo de la derecha política.

Y muchas veces algo que suena ridículo para algunas y algunos permea profundamente en otros, y en otros grupos, al menos, sitúa un manto de dudas. Las fake news son un buen ejemplo de por qué los medios de comunicación deben ser situados y apuntar a una no neutralidad. Si algún periodista, por ejemplo, le hubiera rebatido el errado ciclo del agua al candidato de ultraderecha en televisión abierta, se habría evitado la batalla campal por definir a dónde se va el agua de los ríos, que enfureció a muchos en redes sociales. Y de pasada, los y las periodistas habrían mostrado la importancia de situarse con la persona y en el momento que corresponde, propiciando entrevistas o debates de calidad periodística, donde el bien mayor es la verdad, y donde el cuestionar no es una preferencia personal, sino un mandato profesional.

Así como los piojos se van con un buen tratamiento, las noticias falsas pueden ser eliminadas con el correcto tratamiento tanto de medios como de cuentas que se dedican a propagar mentiras, las que avanzan tan fácilmente como esos bichos que se me pegaron a los cinco años. Para erradicar este mal en una era donde la digitalización es tremendamente alta y donde nuestras interacciones con cada like tienen eco, es muy importante buscar fuentes reales, medios confiables, acercarse a las cuentas verificadas de fact checking y, por qué no, soltar el celular de vez en cuando, para que las mentiras no nos terminen ni convenciendo, ni agobiando.


*Magda Escobar Haro es estudiante de Periodismo de la Academia de Humanismo Cristiano, activista de la Red de Periodistas y Comunicadoras Feministas y voluntaria del Observatorio de Prácticas e Instituciones Policiales, OPIP.

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