Antivax contra el sistema: ¿cómo se explica la oposición a vacunarse?

En plena discusión sobre el Pase Sanitario tanto en Francia como en el resto de Europa, una parte de los Chalecos Amarillos se reunió ayer para manifestarse. Un 30% de la población duda o se opone a la vacunación.


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Hace algunos días, la estrella de fútbol Kylian Mbappé lucía su recién vacunado brazo en una foto que obtuvo cerca de 4 millones de likes en Instagram. ¿Una maniobra comunicacional en un país con uno de los índices más altos de antivacunas en el mundo? Quién sabe. Lo que sí se sabe es que, por estos días de primavera, Francia entra en una nueva etapa de desconfinamiento. También en el escenario político, empieza la cuenta regresiva para una nueva elección presidencial. Sin embargo, el debate público sigue impregnado de las consecuencias de la crisis sanitaria ligada al coronavirus SARS-CoV-2.

El 9 de junio se pondrá en vigor el Pase Sanitario para viajar. Desde esa fecha en adelante, para entrar a otro país de la Unión Europea, será necesario un código QR como prueba de haber recibido la vacuna anticovid. Si no, habrá que presentar un test PCR negativo al ingreso.

Junto con ello, en los últimos días, la Academia Nacional de Medicina Francesa declaró que ni el uso de la mascarilla, el toque de queda ni los confinamientos son suficientes para contener el virus y sus variantes. Se teme que, después de las vacaciones de verano, y con el regreso a clases en septiembre, aparezca, desde el fondo del continente, una cuarta ola. De ahí la necesidad, según este organismo, de hacer de ello una obligación para los profesiones que tienen contacto con público. Profesores, personal de salud y de turismo, entre otros, estarán obligados a vacunarse y luego, hacia el otoño, la medida se extenderá a niños y adolescentes.

“Exigir vacunarse o que exista un pase para ir a algún lado, para entrar a un café o a un restaurant me parece un delirio. Es un atentado a la libertad, a la igualdad. Es como prohibirle a un enfermo de sida entrar a algún lugar o prohibirle comer azúcar a alguien porque es diabético. Estamos en una sociedad totalitaria, completamente loca”, cuenta Barbara M., 50 años, ejecutiva de una agencia de banco en las afueras de Paris.

“Desde hace un año y medio que no podemos expresarnos libremente. Somos censurados. No soy una revolucionaria, pero no quiero que me impongan las cosas. Siempre me he sentido orgullosa de vivir en Francia, porque justamente, tenemos la libertad de elegir, de criticar y protestar. Pero ahora desconozco a mi propio país. Tengo la impresión de estar viviendo en la novela 1984 de George Orwell”, agrega.

Ella, tal como un número importante de franceses, es militante antivacunas. Y aunque votó por Macron en el 2017, dice estar arrepentida. Dice no reconocerse en la Francia actual, en sus instituciones y representantes.

Opiniones como las de Barbara predominan en las esferas antivax, como se conoce a los antivacunas en este país. Mucho antes del comienzo de la pandemia, en noviembre del 2018, en plena explosión del movimiento social de los Chalecos Amarillos, ya existía un fuerte rechazo hacia ellas. Entonces, venía de ser aprobada la ley en la que once vacunas dejaban de ser de exclusiva opción parental. A partir de ese momento, los padres estaban obligados a vacunar a sus hijos. Dentro de los mismos Chalecos Amarillos, -quienes comenzaron a protestar por el alza de la bencina, usando la chaquetilla antirreflectora del kit del auto- habían algunos que se oponían drásticamente a la decisión.

Con esa chaqueta, la que se convirtió en símbolo del malestar actual, detenían el tránsito en las carreteras y en las avenidas de Paris, donde se juntaban todos los sábados para protestar. Lo de las vacunas se sumaba a una serie de otras demandas, pero en aquel entonces, esta no prosperó. Los Gilets Jaunes (Chalecos Amarillos) no se identificaban con ningún partido político ni tampoco proponían a un líder para dialogar.

Según el diario Le Monde, las víctimas por covid-19 superan los 134.400. Hoy, en plena estrategia de vacunación masiva, los antivax –que también se reconocen y convergen, en algunos de los Chalecos Amarillos–, han emergido con fuerza. Sus mensajes y posteos inundan Twitter y Facebook. Las teorías van desde el complot organizado de la elite política y económica, la desconfianza en la industria farmacéutica, más conocida como Big Pharma, y, sobre todo, el recrudecimiento de un discurso que dejó de creer en la máxima “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Su combate radica en conquistar a una población que desconfía, más que en los efectos de la vacuna, en sí misma, en sus gobernantes y en sus políticas. Su discurso sobrepasa los argumentos puramente científicos, pues declaran que se trata de una dictadura sanitaria y policial.

Laurent-Henri Vignaud, historiador y catedrático de la Universidad de Borgoña, coautor, junto a Françoise Salvadori, de Antivax: La resistencia a las vacunas desde el siglo XVIII hasta nuestros días, señala: “La actitud de rebelión hacia las vacunas es la misma rebelión hacia el sistema político, un sentimiento que es típicamente francés. Es una especie de pesimismo democrático. Creo que la desconfianza no proviene de la vacuna en sí misma, sino que hacia aquellos que sostienen el discurso provax, es decir, los políticos, periodistas, los doctores. No es el mensaje mismo, sino de quienes proviene. En Francia, el nivel de confianza hacia las élites, hacia los expertos, es muy bajo. Mucho más bajo que en otros países occidentales”.

Los antivax, los mismos del movimiento anti-mascarillas y que hoy rechazan el pase, apelan al imaginario francés de la insumisión. El mismo sentimiento que encendió los ánimos de los Chalecos Amarillos un par de años atrás. Quieren, por sobre todo, que la gente se abstenga de votar. “El electorado antivax se sitúa principalmente en los extremos, extrema derecha por un lado, y extrema izquierda por el otro. Pero lo más interesante, es que 30% de aquellos que desconfían de las vacunas, no votan. En otras palabras, el partido de los antivax es el partido de los abstencionistas”, afirma L.H. Vignaud.

En este escenario, la vacuna es una nueva herramienta para desafiar al sistema y ejercer presión en la “V República” de Emmanuel Macron.

“La mayoría de los Chalecos Amarillos volvieron a sus casas. Es un momento de cólera que surge repentinamente y que cae. Pero la dificultad que encuentran las personas que están muy enojadas es que esa rabia aún está presente. Dentro del mismo movimiento, los más radicales entraron a desafiar todo lo que significaba instituciones, poder, representación. Entonces vemos que van a intentar buscar explicaciones alternativas. Si no se reconocen en las instituciones, en el poder, en los políticos, necesitan encontrar explicaciones en otro lado. Buscar sentido en otra parte. Hacer una especie de contra sociedad. De ahí la permeabilidad hacia todo lo que es antisistema y la anti-vacunación forma parte de ello”, explica Denis Maillard, cientista político y autor, entre otros libros, de Una Rabia Francesa: lo que hizo posible los Chalecos Amarillos, publicado en el 2019.

Francia ha entrado en una nueva fase de desconfinamiento y las calles se empiezan a llenar de manifestantes. Ayer, 5 de junio, hubo una marcha de los Chalecos Amarillos contra el Pase y la vacunación obligatoria en el monumento a la Bastilla.

La manifestación reunió a los antivax de siempre, los que además vienen protestando contra la obligación de la mascarilla. Hace algunas semanas, el 15 de mayo, una protesta similar reunió 400 personas en Lyon. Esta primera manifestación en París puede ser el desconfinamiento de movimientos sociales que encuentran una nueva herramienta para oponerse al Gobierno. Un recuerdo de los meses previos a la pandemia, cuando Macron decidió lanzar el debate sobre la reforma a las pensiones.

Lanzadores de alerta

Muchos antivax se auto definen como “lanzadores de alerta”, es decir, personas cuya misión es despertar las conciencias. Lo hacen a través de posteos diarios por redes sociales. Informaciones que, por lo general, son desmentidas en los diarios y en los noticieros. Dicen ofrecer una plataforma alternativa a los medios mainstream, realizando debates en vivo con doctores antivacunas, manifestantes y miembros de los Chalecos Amarillos.

Mike Rambo, (33 años) es uno de ellos. Con su smartphone y con la posibilidad de streaming diario por diversas redes, dice que es una especie de periodista autodidacta. Participa en todas las manifestaciones y declara pertenecer a los Chalecos Amarillos desde que comenzaron. “Quiero que la gente se informe. Estoy contra el Pase Sanitario. Soy antimedicamentos y antivacunas. Desde los 15 años que dejé cualquier tipo de medicamento, nunca más fui al doctor ni me vacuné. Tengo los anticuerpos naturales necesarios. Creo que las vacunas desestabilizan, modifican nuestro sistema”.

Tal como Mike y Barbara, la mayoría pertenecen a colectivos y a organizaciones que cuestionan la naturaleza misma de esta crisis. Ambos, dicen que el virus es real, pero que no conocen a nadie que haya muerto de esta enfermedad, la que no es más que una “petite grippete” (pequeña gripe) para ellos.

chalecos amarillos en diciembre de 2018
Protestas de los Chalecos Amarillos en diciembre de 2018. THOMAS BRESSON

A través de la aplicación Telegram Messenger, los antivax se infiltran en los sondeos y encuestas públicas que se hacen por internet. Un mes atrás, uno de los sitios creados para tomar la hora para vacunarse fue hackeado. Y Mbappé, desde ese comentado post, ha sido tratado de “vendido” y de hacer propaganda al Gobierno.

Barbara milita en varios colectivos antivacunas, incluso hace aportes en dinero para que estos sigan existiendo y promoviendo su mensaje. Todo lo que ha aprendido participando en las conferencias y debates lo comparte en su página personal de Facebook. No obstante, desde hace un par de meses que empezó a ser censurada por la red social, que la acusa de ser una propagadora de fake news. Explica que todos los que como ella van contra de la doxa –concepto griego para referirse a una especie de verdad aparente, pero que en esencia es engañosa–, son censurados.

«Hay un clima muy tenso entre los pro y contra las vacunas. Incluso, hemos recibido amenazas de muerte.»

— @Emma, quien prefiere no dar su verdadero nombre.

“A todos los que opinan distinto se les escupe, cuando son personas con buenas intenciones, con buenas vibras, que hablan de amor, que quieren que todo salga bien. Se les trata de conspiracionistas pero estamos lejos de serlo. Es para cerrar el discurso y bloquearlos. Menos mal que estamos en el siglo XXI y tenemos las RRSS. No me importa que me censuren. Seguiré publicando y creando conciencia”, enfatiza.

Sin embargo, a pesar de todas sus alertas, uno de sus hijos decidió vacunarse. Desde ahora, todos los mayores de 18 años son libres de hacerlo.

Mike Rambo, desde su plataforma live, reflexiona: “Estoy contra este sistema. Vacunarse es una forma de sumisión, es estar controlado por quince países que nos dicen lo que hay que hacer. No vine al mundo para que me dirijan. Para que me digan qué es lo que tengo que hacer o lo que me tengo que meter en el cuerpo”. Su sitio cuenta con más de 40.000 seguidores.

Antivax y Provax

Mientras en Francia se desconfía y se habla de un regreso a lo “normal”, para los científicos y para el propio presidente esto sólo se consigue con un 90% de la población vacunada, porcentaje con el que es posible alcanzar la inmunidad. Hasta la fecha, según la Academia de Medicina Francesa, entre los que dudan vacunarse o no y el segmento que se opone, ambos suman más de un 30%.

Una de las consignas antivax es “No al Pase, No a la Vacuna, seguiré siendo Libre”. No tienen dudas sobre vacunarse o no, tampoco son los que tienen miedo a los efectos secundarios y que continúan evaluando los beneficios versus los riesgos de la inyección. Son, “una especie de cofradía alrededor de una creencia, de un dogma. Son una suerte de religión”, cuenta bajo el pseudónimo de @Emma, una de las colaboradoras del sitio Les Vaxxeuses (Las Vacunadoras), una página provax –como se conoce a sus partidarios–, creada para hacer frente a los “lanzadores de alerta” como Barbara.

Los provax dicen estar hartos de estas noticias. Refutan los argumentos de los antivacunas con pruebas científicas. “La antivacunación es un capricho de los países ricos. Hay países en Africa que le dan el nombre al niño tan sólo después de contraer el sarampión, porque antes de eso, no se sabe sin va a vivir o no”, agrega @Emma, quien prefiere no dar su verdadero nombre, ni decir en qué trabaja. Tampoco enciende la cámara durante la entrevista. Muchos de los que están detrás de las páginas antivax tratan de averiguar sus identidades y direcciones con el objetivo de subirlas a redes.

“Hay un clima muy tenso entre los pro y contra las vacunas. Incluso, hemos recibido amenazas de muerte”, añade.

Artificial, antinatural

En el país de Luis Pasteur, padre de la teoría germinal de las enfermedades, históricamente la práctica vacunatoria se ha enfrentado con muchísimos detractores. Fue el archivo privado del mismo Pasteur lo que llevó a tratar de entender el origen y evolución de este sentimiento. “Pasteur era objeto de campañas de prensa odiosas. Queríamos ver si esa hostilidad se limitaba al debate de la vacuna contra la rabia solamente, o si venía desde antes. Lo que sabíamos es que a finales de los años 2010, el “antivaccinismo” había vuelto en escena con el tema de la gripe AH1N1”, cuenta Laurent-Henri Vignaud.

A finales del año pasado, en plena segunda ola, y cuando los sondeos mostraban un alto rechazo hacia la opción de vacunar, los autores de este libro fueron invitados a participar de un grupo de trabajo organizado por la Asamblea Nacional para tocar un tema que en Francia se considera como ‘altamente sensible’.

Para Vignaud hay argumentos que han sido constantes en los movimientos antivax de todas las épocas. El primero es de orden religioso. La enfermedad tiene un origen sagrado. Ir en contra de ésta significa ir en contra de la voluntad de dios. También se mezcla con la idea de la “sacralidad del cuerpo” , una integridad que la vacuna viene a violar.

“Una idea de los católicos integristas, que también está presente en otras religiones, no hay que vacunar a los pre-adolescentes contra la hepatitis-b, porque la hepatitis-b es una enfermedad sexualmente transmisible, y que, al vacunarse contra ello, es una especie de pasaporte para la vida sexual. Otros integristas, también católicos, rechazan la vacuna por haber sido fabricada con células extraídas de abortos”, comenta.

Le siguen los argumentos de tipo naturalistas. Estos resurgieron con el hippismo y se fueron popularizando con las corrientes ‘new age’. La medicina alternativa, las terapias complementarias y de “sanación”, distintos métodos naturales que poco tienen que ver con la medicina convencional. “A grosso modo, un formula heredada de Rousseau que consiste en decir que, todo lo que sale de las manos de la naturaleza es bueno y todo lo que sale de las manos del hombre es malo. Como la vacuna es una invención del hombre, es un mal, mientras que la enfermedad en sí misma puede ser vivida como un bien”.

Otra esfera importante es la que Vignaud denomina la “alter-ciencia”, aquellas pseudo teorías que se desmarcan de la teoría de los gérmenes desarrollada por Pasteur. Antes de Pasteur, no se podía medir la eficacia de las vacunas. A partir de entonces, el medio científico se dividirá entre los que están de acuerdo con las teorías de los gérmenes y los que se opondrán a éstas.

“En el curso del siglo XXI, todavía vamos a encontrar a gente que van a defender teorías “alter-científicas”, pero que son ultra minoritarios al interior del medio científico. No quiere decir que sean charlatanes necesariamente, porque muchos de ellos son médicos, biólogos, farmacéuticos. Pero son el equivalente a un físico que no cree en la teoría de la relatividad de Einstein”, explica.

Muchos de los personajes que se oponen a las vacunas provienen de la esfera científica francesa. Luc Montaigner, premio nobel de medicina en 2008 y quien fuera el descubridor del virus del VIH, es una figura emblemática. Profesor emérito del Instituto Pasteur, participó en el documental “Hold-up”, una película que ha generado polémica pues allí se expone la tesis de un complot mundial detrás de la pandemia. En el 2017, junto al cancerólogo Henri Joyeux, Montaigner dio una conferencia de prensa en la que advertía sobre los riesgos de las vacunas.

 

«En la modernidad, las sociedades están compuestas únicamente por electrones libres, que no tienen que ver los unos con los otros, es completamente contradictoria con los principios mismos de la vacunación.»

— Laurent-Henri Vignaud, historiador y catedrático de la Universidad de Borgoña.

El cuerpo libre

Junto con los argumentos anteriores, hay una idea que a Vignaud le parece fundamental en lo que denomina, el “vaccino-escepticismo”. Y es una idea basada en el habeas corpus, “el cuerpo presente” del latín, es decir la libertad de decidir sobre el cuerpo. Este es un territorio que pertenece exclusivamente a los ciudadanos. Antiguamente, los soberanos tenían derechos sobre el cuerpo de sus súbditos. De ahí que el hacer de la vacuna un acto obligatorio sea visto como algo que se opone a los derechos en estado democrático y libre.

“Los ciudadanos, tienen la ideología que, en un contexto perfectamente democrático, el Estado no puede hacer su intrusión en la esfera privada. Estos derechos políticos garantizan que los ciudadanos disponen de sus cuerpos. De ahí que el hacer de cualquier tipo de vacuna una obligación parezca casi ofensivo en el país moderno”, asevera. Hasta ahora, el Gobierno, a través de sus portavoces, prefiere la estrategia de convencer a la de imponer.

Vacunas a la medida

El tema de la decisión sobre el cuerpo individual es un elemento que también choca con los objetivos de las campañas de vacunación. Estas son, intrínsecamente, “una medicina de Estado, de masas, de tropas” las que se oponen a las tendencias de la medicina actual.

“Desde los años 80 se ha ido desarrollando una medicina personalizada, caso por caso, también corresponde al modelo de atomización, de individualización extrema de la sociedad, especialmente en los países desarrollados. En la modernidad, las sociedades están compuestas únicamente por electrones libres, que no tienen que ver los unos con los otros, es completamente contradictoria con los principios mismos de la vacunación”, afirma Vignaud. Porque, como insiste la epidemióloga F. Salvadori, “mi gripe no es tu gripe”.

En esa óptica, es como si las vacunas necesitaran adaptarse a la nueva sociedad. Es decir, que sean más personalizadas, más a la medida de cada individuo. Proyectar que, los mismos que hoy rechazan las vacunas, sean aquellos que las fabriquen en el subterráneo de su casa. Con la ayuda de su smartphone y con una impresora 3D, una vacuna concebida por ellos mismos e inyectadas por ellos. Una vacuna diferente y singular, como si se tratara de un tatuaje.

Quizás, para entonces, Francia y el mundo se enfrente a un nuevo sistema de elección de sus gobernantes y a una refundación de las instituciones. Y en ese escenario, ya no sea necesario tal vez, recurrir a ídolos como Kylian Mbappé.

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