Bielorrusia: la “última dictadura de Europa” que desvió un avión y secuestró a un periodista

Un nuevo incidente de persecución a los opositores involucra a la dictadura bielorrusa, a casi diez meses de las elecciones calificadas como fraude que le dieron el desprestigio total de la comunidad internacional al Gobierno del presidente Alexander Lukashenko.


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El domingo 23, un avión comercial de Ryanair fue desviado de su ruta de Grecia a Lituania y forzado a aterrizar en Minsk por las autoridades de Bielorrusia, donde un periodista de oposición al régimen de gobierno, Roman Protasevich, fue arrestado junto a su pareja.

Alexander Lukashenko es llamado el “último dictador de Europa”, y durante el año de protestas en su contra, que se cumplió el lunes, no ha escatimado recursos para amenazar, arrestar, y, según fuentes internacionales, torturar a sus disidentes.

Sin embargo, este nuevo incidente es de otra categoría, incluso para este Gobierno. La acción, calificada como “secuestro apoyado por el Estado” por distintos personeros de países de la Unión Europea, iría en contra de varios tratados internacionales, y ha gatillado la respuesta del resto de Europa, que ha dejado por ahora a Bielorrusia aislado en el plano aéreo de occidente, con solo una salida posible por avión: Rusia.

Una historia de detenciones

Las protestas en Bielorrusia comenzaron a fines de mayo del año pasado, cuando Alexander Lukashenko anunció su decisión de ir a la reelección por un sexto periodo. Lukashenko ha sido el único presidente de Bielorrusia, conocida en otros idiomas como Belarus, desde 1994.

El presidente no tiene color político. En todas las elecciones se ha presentado como independiente; la falta de afiliación política se repite en el congreso del país, ya que aproximadamente tres cuartos de los parlamentarios se declaran independientes, pero son leales al régimen. Los partidos que obtienen escaños, que varían del Comunista al Liberal Democrático, que se declara de centro-derecha, también son leales a Lukashenko.

La única elección considerada como legítima por la comunidad internacional fue precisamente la de 1994, donde tuvo que ganar en segunda vuelta. De ahí en adelante, en otras cuatro subsiguientes elecciones, Lukashenko ha obtenido, como mínimo, un 77% de los votos (2001), según la Comisión Central de Elecciones.

La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), asistió en todas las elecciones anteriores a monitorear los procesos, pero en todos los comicios aparte del de 1994, la organización ha denunciado que el gobierno de Lukashenko ha obstaculizado su labor. Veedores enviados por la OSCE y por otras organizaciones europeas dijeron en su momento que “no podían calificar las elecciones como libres y justas”.

La intensificación de las protestas y la dura represión motivaron al videoblogger Sergei Tijanovski a postular a la presidencia. Su canal de Youtube, “País para la vida”, contaba en mayo del año pasado con 140 mil suscriptores (hoy llega a 335 mil). Sergei viajaba por el país conversando con las personas sobre sus historias y los problemas que han tenido para emprender.

Pero la postulación de Sergei fue rechazada porque de acuerdo a la Comisión Central de Elección su esposa no podía firmar la solicitud, pese a tener un poder notarial, sino que tenía que ser él mismo quien firmara.

Alexander Lukashenko
Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia desde 1994. DEPARTAMENTO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS

Sergei ya venía siendo vigilado por agentes del Gobierno de Lukashenko, y posteriormente fue detenido y acusado de varios delitos, incluido el de violencia contra oficiales de policía, pero las pruebas entregadas por las autoridades bielorrusas han sido calificadas de insuficientes, y Amnistía Internacional considera su detención como “arbitraria, injustificada y políticamente motivada”.

La esposa de Sergei, Svetlana Tijanovskaya, postuló a la presidencia luego de la inhabilidad de su marido, y su postulación fue aceptada. La presión creció en la calles, con protestas cada vez más grandes, pero la represión subió a la par de las movilizaciones.

Una elección arreglada

El 9 de agosto se llevaron a cabo las más recientes elecciones presidenciales en Bielorrusia. En estas, se presentaron tres candidatos además de Lukashenko y Tijanovskaya. Para la incredulidad de la oposición y la comunidad internacional, la Comisión Central de Elecciones anunció la reelección de Lukashenko con un 80,1%, con Tijanovskaya llegando solo a un 10,1%.

Aunque en algún momento se pensó que Lukashenko podía ceder por la presión interna de las protestas, esto no fue así. El New York Times describió la situación recordando que personeros de Lukashenko controlan el conteo de votos, así como también a un gran aparato estatal de seguridad y de comunicaciones, que no claudican en el apoyo de su figura y en despreciar a los opositores.

Tijanovskaya se escondió en las misma noche de las elecciones, y dos días después apareció en la vecina Lituania, miembro de la Unión Europea, autoexiliada por su seguridad. Sus hijos ya habían salido del país días antes de la elección, y al menos ocho personeros de su campaña fueron detenidos mientras se esperaban por los resultados.

La plataforma “Voz” fue una iniciativa lanzada para tener un conteo alternativo de las elecciones, donde las personas podían informar de su preferencia con una foto de su voto, junto con información de su local de votación. Esta plataforma llegó a la conclusión que en uno de cada tres locales de votación hubo irregularidades, ya que ellos contaban más votos para Tijanovskaya que la propia Comisión Electoral en algunos lugares.

Sin consecuencias

La comunidad internacional no reconoció las elecciones bielorrusas, por lo que la Unión Europea no reconoce a Lukashenko como líder de Belarus. Además, la Comisión Europea redirigió 53 millones de euros en ayuda económica al país a organizaciones de la sociedad civil, en vez de traspasar esos fondos al Gobierno. Estados Unidos también rechazó el resultado de los comicios, y anunció trabajo conjunto con la Unión Europea para elaborar sanciones.

Pero en Bielorrusia no cambiaron muchas cosas. Las protestas, luego de intensificarse, siguieron con la misma fuerza por meses, pero la represión del régimen siguió a la par. Radio Europa Libre informó que, hasta fines de diciembre del año pasado, se registraban más de 30 mil detenciones de protestantes desde que las manifestaciones comenzaron en mayo.

En la misma línea, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas condenó la tortura de detenidos en protestas, de las cuales la oficina ha recibido reportes por 450 casos documentados.

Mientras tanto, Lukashenko codifica en la ley más habilidades para la represión de manifestantes. Este lunes el mandatario firmó varias enmiendas que restringen los derechos civiles y el acceso a la información, reporta Radio Europa Libre.

El nuevo escándalo

El vuelo 4978 de la aerolínea irlandesa Ryanair salió el domingo pasado en su horario habitual para su ruta de Atenas a Vilnius, capital de Lituania. En este vuelo iba Roman Protasevich, periodista y activista de oposición, junto con su pareja, Sofia Sapega.

Roman ha estado involucrado con la oposición a Lukashenko desde su adolescencia. Trabajó para distintos medios internacionales y fue expulsado de la Universidad Estatal de Bielorrusia, donde estudiaba periodismo. Desde 2019 residía en Polonia, y un año después pidió la condición de asilo político. Desde Polonia, seguía trabajando en medios de oposición de Bielorrusia, que tienen una fuerte presencia en Telegram.

Lo que Roman y Sofia desconocían, era que los servicios de inteligencia bielorrusos estaban preparándose para capturarlos aprovechando que el avión pasaba por espacio aéreo de su nación.
Roman mandó, a través a un canal de Telegram que editaba, mensajes sobre estar siendo seguido por un hombre calvo, que también le tomaba fotos.

Cuando el avión ya estaba por salir del espacio aéreo bielorruso, a unos cuarenta kilómetros aproximadamente de entrar a soberanía lituana y a ochenta de su destino, la capital Vilnius, el avión se desvió de su ruta. El gobierno bielorruso había actuado.

Un avión de combate fue desplegado para intervenir en la trayectoria del vuelo de Ryanair, mientras control de tráfico aéreo le decía a los tripulantes que debían aterrizar en Minsk, capital bielorrusa (a más de cien kilómetros de distancia), por una amenaza de bomba en el avión. Al aterrizar, Roman y Sofia fueron detenidos. Después de horas de examinación en el aeropuerto, ninguna bomba fue encontrada a bordo.

Lituania reportó que otras tres personas descendieron del avión en Minsk, pero no había certeza de sus identidades. El CEO de Ryanair declaró: “Creemos que hubo unos agentes de la KGB descargados en el aeropuerto”, reporta el New York Times. El Gobierno bielorruso desmintió esto, diciendo que las personas que descendieron eran dos ciudadanos bielorrusos y un griego, y que lo hicieron de su propia voluntad.

Pero hubo otro mensaje del Gobierno el lunes por la tarde. En otro canal de Telegram, este progobierno, se posteó un video de 29 segundos, donde se muestra a Roman Protasevich admitiendo los crímenes que el régimen de Lukashenko le acusa.

Video difundido por el gobierno de Bielorrusia, donde Roman Protasevich confiesa, probablemente de manera forzada, los delitos que se le imputa. SUBTÍTULOS POR EL MUNDO

Tanto su familia como otras personas de oposición acusan que esta confesión fue hecha forzadamente. Además de que Roman parece haber sido golpeado, esta no es la primera vez donde personeros de oposición detenidos aparecen posteriormente en videos confesando lo
que se les acusa.

La comunidad internacional ha reaccionado con indignación ante el acto del Gobierno de Lukashenko. Personeros de distintos países han hablado de una “abducción” o “secuestro apoyado por el Estado”.

La Unión Europea llamó a las aerolíneas basadas en sus países a suspender los vuelos desde o hacia Belarus, y a redirigir sus rutas para que no sobrevuelen por ese país. A este llamado se han sumado los gobiernos del Reino Unido y de Ucrania.

Un vuelo de la aerolínea estatal bielorrusa, Belavia, con destino a Barcelona, fue forzado a devolverse a Minsk luego de pedir autorización para entrar a espacio aéreo polaco.

Además de las prohibiciones en el campo de la aviación, la Unión Europea anunció que emitirá nueva sanciones por este incidente, que serán dadas a conocer prontamente.

La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI, o ICAO por sus siglas en inglés) llamó a una reunión de urgencia para este jueves 27, donde pueden anunciarse nuevas medidas de sanciones a Bielorrusia.

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