La encrucijada de Alemania: Alexei Navalny o el gas natural ruso

Si Europa Occidental presiona más de la cuenta a Vladimir Putin por la situación del líder opositor, o por las renovadas tensiones con Ucrania, puede haber represalias en el campo energético, que tiene una sensibilidad especial en Alemania actualmente.


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Alexei Navalny depuso la semana pasada su huelga de hambre después de 24 días, tras lograr ser trasladado a un centro hospitalario. El líder opositor ruso fue detenido en su regreso a Rusia el 17 de enero, y había estado en algún centro de detención o prisión desde entonces. En marzo ya había denunciado que los guardias de la prisión interrumpían su sueño gritando afuera de su celda en repetidas ocasiones durante la noche.

Pero mientras Estados Unidos ha amenazado “graves consecuencias” si el activista llegase a morir en una cárcel rusa, la Unión Europea y los líderes de los países que la componen no han tenido la misma velocidad ni intensidad en amenazar al régimen de Vladimir Putin.

El gas natural ruso es una pieza clave en el puzzle energético de Europa. Alemania se ha autoimpuesto el objetivo de acabar con la energía nuclear en su territorio, y ha llenado ese vacío con el preciado hidrocarburo.

Además, el nivel de inversión en el gasoducto Nord Stream, que conecta Rusia con el nororiente alemán a través del mar báltico, ha involucrado más al país teutón en el negocio ruso. Ahora busca ser el punto de distribución entre Rusia y el resto de Europa Occidental.

La pesadilla de Putin

Antes de Alexei Navalny, la oposición a Putin carecía de una figura unificadora. El abogado y activista de 44 años ha denunciado en reportajes subidos a internet las relaciones entre el Gobierno ruso y las principales compañías del país, definiendo al régimen actual como una oligarquía. Por esto el Gobierno lo considera una amenaza.

En 2013, Navalny obtuvo 27% de la votación para alcalde de Moscú, contra un 51% de Sergey Sobyanin, del partido de gobernante, Rusia Unida. Esa ha sido la única elección en la que Navalny ha podido participar directamente.

Para la elección presidencial de 2018, Navalny anunció su candidatura a fines de 2016. Sin embargo, el poder judicial ruso lo condenó, por segunda vez, por malversación de fondos, supuestamente por robar 30 millones de rublos (281 millones de pesos aproximadamente) de dos empresas.

Estas condenas han sido denunciadas por Estados Unidos y la Unión Europea como motivadas por fines políticos, ya que le impide participar en elecciones. La Corte Europea de Derechos Humanos calificó que estos casos violaron el derecho del líder opositor a un juicio justo.

Desde 2018, Navalny llamó a votar estratégicamente en las distintas elecciones rusas, seleccionando a un candidato por distrito para ser apoyado, ya que la oposición no ha podido ponerse de acuerdo en un frente unificado contra la alianza de Putin.

Angela Merkel, Dmitry Medvedev, François Fillon y Mark Rutte, entre otros, inauguran Nord Stream en 2011. KREMLIN

En 2019, Rusia Unida obtuvo su peor resultado en décadas en el parlamento local de Moscú, donde apenas pudo mantener la mayoría (25 de los 45 escaños). La oposición acusó una inusual cantidad de votos para los candidatos de Rusia Unida, y Navalny concluyó que cinco escaños fueron “robados” por los partidarios del Gobierno.

El pasado 20 de agosto, Navalny volaba en un avión comercial desde Tomsk hacia Moscú, cuando se sintió mal y empezó a gritar. El avión aterrizó de emergencia en Omsk, donde fue puesto en coma inducido y se concluyó que había sido envenenado.

Dos días después fue trasladado a Berlín, donde estaría hospitalizado por un mes. Se quedaría por tres meses y medio más en Alemania, desde donde logró contactar por teléfono a un agente involucrado en su envenenamiento, sin que supiera con quién estaba hablando. El agente mencionó que de no ser por el aterrizaje de emergencia el envenenamiento le habría causado la muerte.

El 17 de enero, cuando esta información ya era pública, Navalny partió de regreso a Rusia, y fue arrestado a su llegada.

La dependencia energética alemana

El accidente nuclear de Fukushima en 2011 fue la gota que rebalsó el vaso. Los alemanes salieron a las calles, y dos meses después de ocurridos los eventos en Japón, Angela Merkel anunció que Alemania cerraría todas sus plantas nucleares para el 2022. El sector nuclear representaba el 22,4% de la energía de Alemania el año 2010, por lo que reemplazar esa producción de energía se volvió una prioridad.

Por suerte para los alemanes, ese mismo año se abrió el gasoducto Nord Stream, que consiste en dos líneas que van en paralelo por el fondo del Mar Báltico.

Con una capacidad anual de 55 mil millones de metros cúbicos de gas, su inauguración contó con la presencia de los líderes rusos y alemanes, además del primer ministro francés y del primer ministro de los Países Bajos. Pero la situación cambiaría drásticamente. Si una década atrás, el gasoducto unía a Europa, hoy es causa de discordia.

El nuevo proyecto Nord Stream 2 duplicará la cantidad de gas natural que llegará a Alemania con dos nuevas líneas, pero esta ampliación del gasoducto no es bien vista por varios actores internacionales.

Polonia demoró los trabajos en su sector del Mar Báltico y cobró una multa de 50 millones de euros a Gazprom, la empresa estatal rusa, por su falta de cooperación en una investigación antimonopolio.

Distintos personeros de Estados Unidos han declarado su rechazo al proyecto, argumentando que el nuevo escenario energético le dará a Rusia una mayor influencia sobre Europa, y el embajador estadounidense en Alemania amenazó con sanciones a las compañías involucradas en el proyecto.

Boris Johnson, primer ministro británico, y Volodomir Zelensky, Presidente de Ucrania, también expresaron su molestia con el proyecto. A pesar de todo esto, una de las nuevas líneas está prácticamente lista para operar, y la segunda línea está por ser construida.

Septiembre, mes de elecciones

Desde la consolidación de los aliados de Putin en un solo partido –Rusia Unida– este ha sido el más votado para el congreso ruso, o Duma.

En el 2003, en sus primeras elecciones, fue la única ocasión en que no obtuvo la mayoría de los representantes, quedándose a tres asientos de la marca. En las siguientes tres elecciones ha obtenido más de la mitad de la cámara. Su peor votación fue 49% en el año 2011, que le dio 238 de los 450 escaños. En la última elección, cinco años atrás, obtuvo 343 escaños con 54,2% de los votos.

Pero una nueva elección parlamentaria está fijada para el 19 de septiembre, y el pronóstico no es alentador para el partido de Putin.

Luego de la reforma a las pensiones del 2018, el Gobierno cayó en popularidad, y no se ha podido recuperar. Las encuestas pronostican alrededor de un 30% de votos para el partido, lo que sería su votación más baja de la historia, pero seguiría siendo el partido más grande de Rusia, ya que ningún otro sobrepasa el 15%.

Una semana después de que la población rusa vote por sus representantes en la Duma, los alemanes votarán por sus parlamentarios, aunque bajo el sistema alemán, esta elección también decide quién gobernará, tomando el puesto de Angela Merkel.

«Si el gobierno chino requiere a corporaciones chinas como Huawei, por ejemplo, de entregar información y data europea, no podemos integrar productos de aquellos fabricantes a la infrastructura europea.»

— Annalena Baerbock, líder del partido ecologista alemán, en entrevista con el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Las encuestas dan un claro enfrentamiento entre la Unión Demócrata Cristiana, el partido de Merkel, y Alianza 90/Los Verdes, el partido ecologista.

Mientras el partido de gobierno ha bajado del 40% que llegó a marcar en encuestas a mediados del año pasado, los ecologistas han consolidado su segundo lugar. Hoy ambos partidos están cerca del 25%. Pero lo más importante es que los líderes de cada partido representan una visión diametralmente opuesta sobre Rusia y la política internacional.

Armin Laschet es el candidato a sucesor de Angela Merkel. Líder de la región de Renania del Norte-Westfalia, el estado más populoso de Alemania, Laschet tiene un prontuario que hace desconfiar a los aliados tradicionales de Berlín: cuando Rusia invadió la península de Crimea, llamó a actuar con mesura, y no condenar a Moscú rápidamente. Sobre Nord Stream 2, Laschet ha declarado su confianza en el proyecto, y no habrá ningún cambio en la agenda si él llega a suceder a Merkel.

Annalena Baerbock, en cambio, propone incrementar la presión sobre Rusia. La líder de los ecologistas dijo que el apoyo político a Nord Stream 2 debe ser retirado, por lo que la empresa estatal rusa y sus socios no contarían con su respaldo para terminar el proyecto.

Además, Baerbock ha declarado que las democracias liberales deben defender sus valores, lo que podría significar que un gobierno ecologista alemán se sume no sólo a sanciones contra Rusia, sino también a sanciones contra China y sus empresas. Sobre China, Baerbock declaró que, aunque el país asiático es muy grande para poder cortar lazos con él, sí se pueden prohibir ciertos productos, como por ejemplo los que vengan de trabajos forzados.

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