¿Por qué las mujeres ganan menos? La brecha salarial explicada

Muchos factores explican la brecha salarial, pero uno de los más importantes es que sobre ellas recae la responsabilidad del cuidado del hogar y otras labores no remuneradas. Esto ocurre porque todavía en 2021 se espera que las mujeres hagan la mayoría del trabajo que requiere la crianza de un niño.


Contactar al autor

Compartir artículo en:
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp

Da igual cómo se mida o de qué parte del mundo estamos hablando. Ya sea en Islandia, en Venezuela, en Chile, en Francia, en India o en Ruanda, los salarios de las mujeres son, en promedio, menores que los de los hombres.

Se mide porcentualmente y es común calcular cuántos centavos gana una mujer por cada dólar que gana un hombre haciendo el mismo trabajo. 84 centavos en Noruega, 78 centavos en España, 72 centavos en Chile, 67 centavos en Corea del Sur, 53 centavos en Irak.

Según la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2018, elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), las mujeres tienen, en promedio, un sueldo de $474.911 mensuales, mientras que el de los hombres es de $652.397. Esto significa que las mujeres ganan un 27,2% menos que los hombres. Y la brecha no se detiene en los ingresos: las mujeres además reciben menores pensiones y pagan más en salud y en intereses crediticios.

Sueldos de hombres y mujeres en Chile comparación

Todavía los chilenos creen que las mujeres deben cargar con el cuidado de los hijos

Más allá de la simple discriminación que implica que a una mujer le paguen menos sólo por el hecho de ser mujer, la disparidad es mucho más profunda.

Hasta hace poco tiempo la mayoría de las mujeres no trabajaba fuera de la casa. En la década de 1970 las mujeres representaban apenas un 24% de la fuerza laboral. A finales de los 90, mientras el 90% de los hombres formaba parte del mercado laboral, solo el 39% de las mujeres contaba con un trabajo remunerado.

Además de la baja participación en la fuerza laboral, los niveles de educación de las mujeres eran más bajos. No todas las áreas estaban abiertas para ellas y terminaban trabajando en industrias tradicionalmente femeninas, pensadas como tal debido a las normas culturales sobre aptitudes y roles de género.

En pocos años las cosas cambiaron y pudimos comenzar a ver a mujeres ir a la universidad, participar en áreas tradicionalmente “masculinas” y de la esfera pública.

Muchos factores han cambiado, salvo la idea de que, como las mujeres dan a luz, son las que deberían criar a los niños.

En 2017, un 58% de los chilenos opinaba que era probable que un niño en edad parvularia sufriera si su madre trabajaba y sólo un 51% estuvo en desacuerdo con la frase “la labor de un hombre es ganar dinero, la labor de la mujer es cuidar del hogar y la familia”, de acuerdo a la encuesta CEP.

Estos roles de género son incluso reforzados por las leyes.

En 2011 comenzó a regir la extensión del postnatal a 6 meses para las mujeres. En el caso de los hombres se dispuso que la mujer pudiera transferirle 6 de sus 24 semanas. Incluso en ese caso la mujer permanecería con el recién nacido 4 meses y medio, mientras que el padre lo haría mes y medio.

Tras 7 años de su entrada en vigencia, para 2018 sólo había habido 1.556 traspasos de semanas a los padres, el 0,23% del total posible.

«Todo el trabajo que hacen las mujeres, que está construido como el trabajo de cuidados que se le llama, es un trabajo poco valorado socialmente y no tiene ingresos.»

— Carolina Stefoni, socióloga y académica de la Universidad Mayor

Más tiempo con los hijos para las madres, más tiempo para estudiar y ascender para los padres

Expliquemos el problema con la historia de dos médicos. Ambos se conocen en su primer año de universidad e inician una relación. Mientras estudian, muestran aptitudes similares y terminan titulándose juntos.

Trabajan en una clínica u hospital un año con el mismo sueldo y, a la vista de sus pares, da la impresión de que tienen las mismas habilidades.

Sin embargo, pasado el año nace su primogénito. A pesar de que inician los estudios de especialización juntos y contratan a una trabajadora doméstica, la madre debe cargar con ciertas labores que la empleada no puede atender, como el cuidado del niño en la noche, llevarlo al pediatra y limpiarle los pañales el fin de semana.

El padre, en cambio, ocupa ese tiempo en estudiar. El resultado es que mientras él se convierte en especialista en tres años, ella se demora cinco. Así, el padre obtiene antes que ella un mejor puesto en la clínica y puede iniciar estudios complementarios, lo que le permite un mejor sueldo.

Esa brecha salarial que se abre en los años de maternidad de la mujer como efecto de los roles de género en el cuidado de los hijos ha sido documentado en diversos estudios.

Uno de ellos, titulado Niños y Desigualdad de Género: Evidencia de Dinamarca muestra en detalle el problema. Los académicos revelaron que, de acuerdo los datos analizados entre 1980 y 2013, los padres y madres tienden a ganar lo mismo hasta que tienen a su primer hijo. A partir de ahí se produce una diferencia de cerca del 20% menos en sus ganancias para las mujeres.

Las mujeres cargan con el trabajo no remunerado

Incluso tras convertirse en doctoras, abogadas o jefas de Estado, permanece en la sociedad la expectativa de que las mujeres se hagan cargo de los cuidados del hogar y de los hijos. Esta “salida” de la casa al mercado laboral ha sido simbólica y no de facto.

–Hola, ¿Carolina?

–Sí, con ella.

–¿Podemos conversar ahora?

–Sí, pero cortito, porque tengo que ir a buscar a mi hijo al colegio.*

Carolina Stefoni es socióloga, académica de la Universidad Mayor e investigadora asociada al COES. Para ella, el principal elemento de por qué las mujeres ganan menos que los hombres tiene que ver con una división entre ambos de roles y estatus. “Todo el trabajo que hacen las mujeres, que está construido como el trabajo de cuidados que se le llama, es un trabajo poco valorado socialmente y no tiene ingresos”.

Explica que cuando la mujer sale al mercado laboral se reproduce esta distinción, con distintas excusas y argumentos.

“Hasta hace poco se decía que el sueldo de la mujer era un segundo sueldo, complementario para el hogar, entonces se le puede pagar menos, que trabaja menos porque tiene más licencias, que la mujer tiene que volver antes a la casa. Puras justificaciones para reproducir esta estructura. Son razones bien sociales, culturales y estructurales, de cómo se organiza la sociedad, y por eso es tan difícil emparejar”, expresa.

A igual pega, igual paga

La última iniciativa legislativa que busca acortar esta brecha en Chile fue presentada el pasado 14 de enero por las diputadas Gael Yeomans (Convergencia Social), Maite Orsini (Revolución Democrática), Camila Rojas (Comunes) y Karol Cariola (Partido Comunista). Las parlamentarias buscan modificar el Código del Trabajo para sancionar como discriminación arbitraria las diferencias salariales entre hombres y mujeres que excedan el 20%.

Las legisladoras consideran necesario disminuir esta brecha a corto plazo debido a que las consecuencias económicas que está dejando la pandemia han afectado con mayor fuerza a las mujeres, según ha indicado también el informe Autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad, elaborado por la Cepal (2021), que documenta con cifras actualizadas la aguda situación que enfrentan las mujeres a consecuencia de los efectos de la pandemia por covid-19 en América Latina y el Caribe.

El informe indica en el caso de Chile, por ejemplo, que la proporción de mujeres en el área de la salud es de 73,6%, y la brecha salarial entre hombres y mujeres en ese sector es de 26,9%.  Paradójicamente, son las mujeres quienes han estado en la primera línea enfrentando la pandemia, al concentrarse en las áreas de salud, educación y trabajo doméstico, llevándose además la carga de los cuidados dentro de la familia, haciendo las veces de profesoras en casa por el cierre de las escuelas, y de enfermeras con los contagiados en los hogares.

“La pandemia ha generado un retroceso en todos los avances. El estudio de la Cepal es súper categórico, muestra un retroceso de 10 años en la participación de las mujeres en el mundo laboral. Muchos salieron del mercado laboral, pero a las mujeres les va a costar más volver”, comenta Stefoni.

“No basta con un decreto. Muchos países han avanzado y son buenas señales, pero sigue habiendo esta idea de que las mujeres o no pueden trabajar. O si trabajan, trabajan menos, o no tienen la ambición de llegar arriba. Un montón de barreras que les impide estar en igualdad de condiciones”, agrega.

Compartir artículo en:
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp