La pandemia iba a dar un respiro al medioambiente. Los océanos siguen siendo contaminados.

La pandemia parecía el momento idóneo para dar un “respiro” al medioambiente, pero el humano no da tregua. Esta vez se sumaron a las aguas las mascarillas usadas a diario. Gobiernos y ciudadanos saben que la situación debe cambiar.


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Propongo el siguiente ejercicio. En 2020 estuvimos la gran mayoría del año encerrados o usando mascarilla para poder desplazarnos y realizar nuestras tareas dentro de esta “nueva normalidad”. Trata de hacer un cálculo mental respecto a cuántas veces usaste mascarilla durante este periodo. El número probablemente varíe entre 100 y 300 aproximadamente por persona.

¿Te pusiste a pensar en algún momento dónde van a parar los cubrebocas una vez desechados? Lamentablemente la gran mayoría han terminado en vertederos y océanos afectando el medioambiente.

Parece contradictorio. A medida que la pandemia sigue avanzando, la Tierra ha experimentado un respiro a causa de las bajas emisiones de CO2 a nivel mundial. Sin embargo, el uso de mascarillas se incrementó exponencialmente al punto que, en solo un mes, China exportó más de cuatro millones de unidades.

Según una investigación presentada por la ONG OceansAsia, durante el año pasado los océanos fueron contaminados por una cifra cercana a 1.560 millones de mascarillas, representando cinco mil toneladas adicionales de plástico.

Cada cubreboca demora unos 450 años en su descomposición y más si termina en las aguas, debido a que pueden pasar cientos de años sólo para que comience a degradarse el microplástico, dañando de pasada la fauna marina.

América Latina y el Caribe es una región que a diario produce 541 mil toneladas de basura, de las cuales 90% no se recicla. Se estima que para 2050 esta problemática aumente un 25% según el informe Perspectiva de Gestión de Residuos en América Latina y el Caribe, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

La situación es alarmante. Lo más preocupante es que una tercera parte de los desechos (que equivalen a 145 mil toneladas al día) acaban en vertederos provocando la contaminación de las aguas, la emisión de gases tóxicos y gases de efecto invernadero, entre otros.

¿Cómo atacar esta contaminación?

Para Fernando Santibáñez, académico de la Universidad de Chile y especialista en climatología y sistemas y modelos ambientales, la preocupación por la contaminación de los océanos es antigua, pero se hizo crítica en los años 80 con la constatación del rápido retroceso que estaban mostrando los arrecifes de coral en todo el mundo.

“La crisis de los arrecifes llevó a ejecutar numerosos estudios que constataron la rápida acidificación de las aguas, la pérdida de oxígeno y la presencia de restos de hidrocarburos, microfibras y metales pesados acarreados por las aguas continentales hacia los litorales. Aparecieron numerosos estudios de los depósitos de basura en el piso oceánico en las cercanías de las desembocaduras de los grandes ríos”, sostiene.

Mascarillas mundo
En diferentes partes del mundo se han masificado las mascarillas desechables. MAX PIXEL

Y desde entonces ha sido una historia sin fin. Para el experto, las evidencias han llevado a los gobiernos a establecer normas más estrictas en materia de vertidos industriales y mineros, fomentar el tratamiento de aguas residuales domiciliarias y regular el destino final de sustancias peligrosas de origen industrial como plásticos, metales pesados y desechos orgánicos.

En 2015, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad. La agenda plantea 17 objetivos con 169 metas que abarcan lo económico, social y ambiental, una nueva estrategia que regiría los programas de desarrollo a nivel mundial durante los próximos 15 años, de los cuales quedan 10.

Chile, como parte de los 193 países que integran la ONU, adoptó la Agenda 2030. Uno de los objetivos apunta al agua limpia y saneamiento.

«Con esta ley, a los seis meses de su publicación, queda prohibida la entrega de cubiertos plásticos, revolvedores, bombillas, plumavit, en todos los locales de comida del país.»

— Carolina Schmidt, ministra de Medio Ambiente, por el proyecto que regula la entrega de plásticos de un solo uso en el comercio.

Se menciona que se debe “mejorar la calidad del agua mediante la reducción de la contaminación, la eliminación del vertimiento y la reducción al mínimo de la descarga de materiales y productos químicos peligrosos, la reducción a la mitad de las aguas residuales sin tratar y un aumento sustancial del reciclado y la reutilización en condiciones de seguridad a nivel mundial”.

También aborda “ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo para la creación de capacidad en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento (…)”.

Llama la atención que la única cifra que publica el Gobierno de Chile respecto a las metas es que la proporción de masas de agua de buena calidad en 2015 llegó al 67%. No hay más datos relacionados a los objetivos.

Nuevos proyectos para combatir la contaminación

Desde entonces, también han aparecido nuevos proyectos. El pasado 16 de marzo, el Gobierno anunció la creación del Observatorio de Cambio Climático (OCC), una iniciativa que será clave para observar, medir y sentir la evolución de la amenaza de este fenómeno desde Visviri, en el extremo norte, hasta la base del Glaciar Unión en la Antártica.

Para ello se instalarán sensores en todo el país para medir temperaturas, precipitaciones, niveles del mar, niveles de las masas de hielo, radiación solar, velocidad y dirección del viento, entre muchos otros factores. La información estará disponible de manera abierta.

Otra iniciativa que está ad portas de ser aprobada es el proyecto de ley que regula la entrega de plásticos de un solo uso en el comercio, que ya pasó por el Senado y fue aprobado por la comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados la semana pasada.

Según la titular de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, “con esta ley, a los seis meses de su publicación, queda prohibida la entrega de cubiertos plásticos, revolvedores, bombillas, plumavit, en todos los locales de comida del país. Este proyecto se suma a la ley que eliminó las bolsas plásticas del comercio y nos permite dar otro paso fundamental en el cambio cultural que necesitamos para un Chile más limpio y sustentable”.

Carolina Schmidt MMA
Ministra Carolina Schmidt. MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE

Todas son iniciativas que buscan ayudar para bajar considerablemente la contaminación de las aguas y el medioambiente en general. Pero, ¿han sido o serán efectivas? ¿En qué está fallando?

“Las regulaciones han avanzado, pero en muchos casos son ineficaces debido a la carencia de sistemas de fiscalización. Por dicha razón, aún vemos enormes cantidades de plástico llegando hasta el mar, al igual que sustancias químicas como fertilizantes, detergentes, grasas y aceites, preservantes y otros”, opina Fernando Santibáñez.

Y, ¿qué pasa con el aporte individual? Es importante que las personas tomen conciencia de frenar el deterioro del planeta, dice Santibáñez, pues sus consecuencias recaen sobre todos: “Lo que las personas pueden hacer es presionar a los tomadores de decisiones para que redireccionen las políticas tomando en consideración que los niveles de estrés del planeta ya no dan para más”.

«La gran fuente de contaminación proviene de la industria, del transporte, de la agricultura y la minería. Es allí donde se debe actuar considerando que la mayor proporción de residuos que van a parar a las aguas, y de ahí al mar, proviene de estos sectores.»

— Fernando Santibáñez, académico de la Universidad de Chile.

El aporte del mundo pyme

“Tenemos que tomar medidas antes que sea demasiado tarde. Cada vez más personas deben ser conscientes de la urgencia de este problema para que esta realidad cambie. De la salud de los océanos depende gran parte de la regulación térmica del planeta, la absorción de CO2, el suministro de agua y un sinfín de procesos”, señala Luka Marinovic, director ejecutivo y fundador del medio de comunicación especializado en naturaleza Austerra, en el blog de FreeMet.

Como caballo de batalla, distintos emprendimientos han nacido con la intención de sumarse a esta lucha. Free Met es una empresa que aporta desde hace siete años con un grano de arena, teniendo incluso como bandera de lucha la protección de los océanos chilenos.

Carolina Urrutia, bióloga marina, y Andrea Moraga, kinesióloga con un MBA (Maestría en Administración de Negocios), se comprometieron a reducir el daño al medioambiente a través de la creación de productos ecológicos de limpieza y de cuidado personal.

En su producción utilizan envases que los clientes pueden devolver. También ofrecen recargas y compras a granel en distintos puntos, tanto en Santiago como en regiones. Además, los envases están hechos de plásticos que cuentan con la mejor reciclabilidad, por lo que también pueden ser depositados en puntos verdes.

A la fecha han reducido 10 mil kilos de plástico y ahorrado 21 millones de litros de agua. Incluso, el agua de lavado de sus productos puede ser reutilizada para regar plantas, césped o lavar autos de manera segura, ya que todos son biodegradables.

“En FreeMet nacimos desde la sustentabilidad poniendo foco en que queríamos ser parte de la solución, fue por esto que desarrollamos productos de limpieza y desinfección 100% biodegradables y libres de sustancias nocivas para las personas y los ecosistemas tanto acuáticos como terrestres”, cuenta Carolina Urrutia.

Hoy forman un emprendimiento que ha logrado potenciar la economía verde del país y, a la vez, han colaborado en la tarea de generar conciencia ambiental.

“La sustentabilidad es contagiosa”, afirma Andrea Moraga. Hasta ahora llegan a más de 300 tiendas en todo Chile, 80 a granel, más de 100 salas de retail y más de 20 mil clientes que buscan sus productos a través de su página web.

Según Fernando Santibáñez, los emprendimientos como FreeMet van en la dirección correcta para disminuir la carga contaminante de los océanos.

“Apuntan a los objetos de uso corriente que usamos cada día, pero la gran fuente de contaminación proviene de la industria, del transporte, de la agricultura y la minería. Es allí donde se debe actuar considerando que la mayor proporción de residuos que van a parar a las aguas, y de ahí al mar, proviene de estos sectores”, asegura Santibáñez.

Para Luka Marinovic el cambio está en nosotros: “Debemos seguir avanzando hacia una forma de vivir y desarrollarnos de manera sostenible y respetuosa con nuestro planeta. Al fin y al cabo, es el único lugar que nos da la posibilidad de existir”.

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